Ciudadela. Alexetimia Llegamos al pasillo desierto. Estiró mis manos hacia los costados, para detener el andar de los guardias que nos acompañan. Mimin camina un poco hacia delante sin percatarse de que detención. Luego mira hacia atrás y se sienta en sus patas traseras para verme con confusión. —Alex deberíamos continuar ¿no?—Alega inocentemente. Ella tenía poco conocimiento en batalla, pero su esposo Miaumen tenía demasiado y si ambos estaban prometidos. Pero no lo sabían, aún. —Vuelva a aquí embajadora—Ordeno con un ímpetus humano de por medio y no porque quiera sino porque práctico para cuando me toque intentar defenderme verbalmente. Ella suspira y baja las orejas, para ponerse atrás de mí junto con los guardias. Los guardias eran Moranos, Cathros y en menos medida unos dos

