Ricardo
La vida no ha sido muy justa conmigo en esta noche, es como si me hubiesen echado un balde de agua con sal para que mi matrimonio con Claudia se fuera directo al carajo. Me pregunto que tendrá ella en la cabeza para querer echar por la borda casi nueva años de estar juntos 1 de noviazgo y los otros 8 de casados, pero sobre todo el decir que yo no lo he dado todo para que nuestra relación funcione. Puedo tratar de comprender en parte muchas cosas, menos el que me haya dicho de que solo tenerme cerca le produce nauseas, una vez más llego a la conclusión de que Jairo siempre ha tenido razón y el matrimonio solo es una fachada para quedar bien ante la sociedad.
Es como si todo se hubiese confabulado en mi contra y no solo lo digo por lo que me acaba de ocurrir con Claudia, sino no porque desde las 6 de la tarde que empecé a conducir, solamente he hecho dos carreras y con esto no me alcanza ni siquiera para rentar el cuarto donde pienso pasar esta noche.
He pasado por centros comerciales, por restaurantes y hasta por los hoteles más prestigiosos de Bogotá y es como si todos se hubiesen puesto de acuerdo, para que mi Volkswagen pasara por desapercibido. Lo único que me falta es coger por la zona rosa done hay muchos bares «¡claro si hay bares también hay gente!» como no se te ocurrió antes Ricardo.
Rápidamente cambio la dirección mi nave, y con toda la tranquilidad del mundo sin importar lo que me esté pasando conduzco a la velocidad apropiada. Ya que lo que menos quiero es causar un accidente.
Al llegar a ese lugar lo primero que hago es manejar más despacio para seguir con el p**o y así poder llamar la atención del el personal que veo a las afueras de estos bares. Luego de un rato y entre tantos borrachos y gente creyéndose la última gota de agua del desierto visualizo entre los arboles a una mujer.
Ella va caminando por la cera que conduce a otro bar que está a solo unos escasos metros de aquí. Pero cuando sale de los árboles, la luz de la calle me deja detallarla a la perfección, es una rubia preciosa de cabello largo, tez blanca, delgada y con un traje de color rojo extremadamente llamativo ya que tiene lentejuelas y un escote en su espalda con el que te puede llevar justo a la gloria. Su vestido le llega exacto a la mitad de sus muslos y fácilmente se puede confundir con una minifalda, y esos tacones de color n***o son la combinación perfecta para este monumento de mujer que parece toda una modelo.
Sigo conduciendo a lentitud siguiéndola con la mirada y tal parece que mi suerte está a punto de cambiar porque siendo las 10 de la noche, ella decide hacerme la parada. Sin pensarlo dos veces y sin meditar absolutamente en nada, estaciono mi Volkswagen para que se pueda subir.
Abre la puerta y mi mirada se fija directamente a sus ojos —Buenas noches —me saluda un poco seria, sin embargo no le prestó mucha atención ya que me ha dejado idiotizado con esos preciosos ojos azules que se manda y ni que decir de su rostro tan perfecto, con esos hermosos labios tan pequeños de color rosado «No, es que en definitiva esta mujer es una muñeca» me digo a mi mismo.
—Buenas noches —Continuo con su saludo.
—Lléveme a donde sea lo único que quiero es alejarme de aquí —Me pide y yo ni corto ni perezoso sigo sus indicaciones como un niño de escuela cuando la maestra le indica para que haga su tarea.
Ella se acomoda en los asientos de atrás y si la temperatura estaba fría permítame decirles que en una fracción de segundos me fui para tierra caliente. Y como no, si empiezo a observar atreves del retrovisor como esta preciosa rubia se quita el pequeño abrigo corto que no alcance a visualizar desde los árboles, debido que es del mismo color del vestido con lentejuelas y mangas largas que cualquiera pensaría que viene pegado a este, primero empieza por el brazo derecho, luego por el izquierdo hasta ponerlo en el asiento que está justo a su lado al igual que su cartera. Trago saliva al ver la hermosura de su cuello y sus perfectos hombros «tú lo que quieres es matarme» digo mentalmente, para luego empezar a conducir mi navecita y así poder alejarnos de este último bar llamado el gato n***o que es donde creo que ella estaba.
Ya en carretera y con este clima caluroso que hace dentro de mi Volkswagen continúo mirándola por el retrovisor y pensaran que es cosa de locos pero cómo es posible que tengo 5 minutos de estar observando a esta belleza de mujer y en esos 5 minutos me ha hecho olvidar por completo de todos los problemas que tuve con Claudia al salir del departamento.
Es que esto me parece tan increíble ni en el más loco de mis sueños me hubiese imaginado que una rubia como esta fuese capaz de montarse en mi navecita. Particularmente las mujeres como ella nunca se montan en este tipo de taxis. Ellas prefieren andar en autos caros y lujosos y si no tienen piden un indriver, por eso dude tanto para pitarla donde me la encontré. Pero el sorprendido fui yo cuando ella decidió pedirme la parada.
De repente noto como lleva sus manos a su larga cabellera y se la coloca hacia tras dejándome ver con mucha más visibilidad sus senos tan perfectos. Rápidamente abro la ventana de la parte del conductor porque ya me es imposible seguir respirando dentro de este taxi. Y si pretendía que con eso iba a poder solucionar las cosas les cuento que estaba completamente equivocado, porque al momento que se empezó a sentir el viento, el cabello de esta mujer empezó a bailar de una forma tan sorprendente que casi me hace olvidar que vengo conduciendo en esta carretera.
Les juro que en estos momentos desearía que mi carro fuera un auto deportivo de esos que salen en las películas, para poder abrirlo de la parte de arriba y de esta forma, toda la ciudad se enterara de que llevo como pasajera a la mujer más hermosa que han visto mis ojos. Ella aun no me ha dicho ni una sola palabra desde que estoy conduciendo, pero sus buenas noches las tengo grabado en mi memoria y sacarlas de allí me resulta imposible.