—Mira lo patética que eres, acaso no te da vergüenza andar quedándote dormida donde quiera. — Eliza la observa sin decir una sola palabra y como puede se pone de pie. — no sé cómo es que te has ganado el favor del viejo, pero no creas que te saldrás con la tuya, tarde o temprano llegara tu fin en esta familia. —Mientras el día de mi fin no llegue tú no será la señora Hamilton y estará bajo mi sombra. — le dice Eliza con amargura, ya que ayer por impulso pidió el divorcio, pero fue rechazado. —¡Eres una maldita perra! — le grita mientras le arroja la jarra con la que le tiro agua mientras Eliza estaba en el suelo. Por suerte esta calló a un lado y no le pego, pero al ser de cristal se rompió y los fragmentos de vidrios volaron por todas partes impactando uno contra el pie de Eliza provoc

