Rode La vida solía dar vueltas ¿no? Pues la mía luego de tantas vueltas, por fin volvía a tener una estabilidad, en todos los sentidos, estaba feliz y eso era lo que más importaba. —¿Ya puedo abrir los ojos? —No, aún no —responde Patrick manejando, tenía una sorpresa para mí, pero mi paciencia era nula. Necesitaba abrir los ojos antes de volverme loca. Pero bueno, si aguanté cuatro meses, ¿qué son un par de minutos? El auto se detiene, por fin en el lugar desconocido, Patrick abre la puerta de su lado del auto y luego segundos después abre la mía para guiarme. Es de noche, y ya habíamos vuelto de nuestra luna de miel, por lo que se me hacía extraño que me sacara de la casa de repente. Porque si, nos habíamos mudado a la mansión que me regalo antes de casarnos. Nunca más me
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