En una boda hay mucho por hacer, pero cuando no es la tuya y eres una invitada, te conviertes en testigo de más de una situación de emergencia. En lo que salimos del hospital, el celular de mi madre comenzó a sonar con desenfreno, mis hermanas querían saber cuál había sido nuestro paradero y teníamos la bendita cita para nuestros cabellos. Agradecí al cielo que tuviésemos esa cita, y en lo que llegamos al salón de belleza, la charlatanería de Estefanía y Gabriela hicieron todo por mí. Mantuvieron ocupada a mi madre para no apartarme e indagar en lo de Enzo. Ellas tenían mucho de qué hablar, y yo nada que hablar, fue la combinación perfecta. Ya luego al estar listas, regresamos al hotel el cual era el centro del pandemónium. Un desastre total, con más empleados de los que había visto est

