―¿Quiere entrar? ―me preguntó Ian al rato, yo me había quedado en completo silencio, asimilando sus palabras y digiriendo la responsabilidad que tenía sobre mis hombros―. ¿Niña? Yo me apoyé de nuevo en su pecho y él me abrazó de modo protector y paternal. ―¿Y si fallo, Ian? No me lo perdonarían. ―Todos entenderíamos si las cosas no salen como esperamos, no es fácil luchar contra esa mujer, solo nos decepcionaría un poco que se fuera sin pelear, no por ser cobarde, más bien porque jamás volveríamos a verla y eso, a mí, me dolería en el alma. Me volví a apartar y lo miré a la cara. ―¿Se da cuenta de que solo tengo un mes para escribir ese dichoso libro? ―Estoy seguro de que podrá, no tiene que ser un libro de mil páginas, tampoco estar editado ni ser un Best Seller, solo necesita

