4- El principio de la ruina.

2014 Palabras
Pov: Benjamin Kambell. —¿Cuánto dinero hay en el pozo a pagar? —mientras me sirvo una taza de café reviso el Excel que tengo en mi laptop. —Diez millones, señor. —no es suficiente. —De acuerdo, necesito que liberes dos millones. Los retiraré en el transcurso de la semana —cuelgo. —¿Para qué necesitas retirar dos millones, Benjamín? —levanto la mirada. —Marquitos, ¿qué se te ofrece? ¿Algún problema contable con el club? ¿El casino? ¿La discoteca? —se carcajea y se sienta frente a mi escritorio. —¿No puedo venir a ver a mi amigo? Vamos, ya tengo todo perfectamente listo, hoy presenté todos los informes para que no haya retenciones. Los permisos actualizados e incluso revisé la caja de la semana y el balance va perfecto. En unos cuantos meses tendrás tanto dinero como el que necesitas si sigue funcionando todo así —ruedo los ojos. —Lo del casino y la discoteca es de mis hermanos, eso no lo cuentes, solo Oblivion ira a la tesorería —cierro mi Excel personal. —¿Necesitas hacer una remodelación, inversión? Dos millones es bastante —arqueo una ceja. —Solo eres mi contador, Anderson, ¿ahora controlarás en qué gasto mi maldito dinero? —levanta las manos en señal de inocencia. —No, tranquilo, soy tu contador, por eso quiero saber activos que salen y entran, hay que tenerlos registrados —tomo mis cosas para salir, ya terminó mi horario de estar en el club. —Si hay alguna salida te la diré. ¿Hoy usaste las instalaciones? —cuestiono porque Marcos a veces usa los beneficios de ser amigo del dueño del mejor y más exclusivo club de las Vegas. —Dos rubias preciosas me dieron un encuentro formidable —palmeo su hombro. —Deberías probar con tres, hay una trillizas que a veces vienen... —Eso ya son ligas mayores, sabes que igual tú tienes esa ventaja porque eres el dueño y todas quieren contigo —me carcajeo. —Así fuera el que limpia los baños todas querrían igual conmigo —remarco. —Presumido, a veces me pregunto cómo carajos se te ocurrió una idea tan brillante como Oblivion. Luego te veo y sé que de esa morbosa cabeza saldría cualquier cosa —si supiera que cuando desarrollé todo el interior de mi club no follaba con todas como ahora. —Nos vemos, Marquitos, tengo que descansar para volver en la noche —agita su mano despidiéndome. Antes de salir doy una vuelta verificando que mi club esté en orden. Oblivion no es solo un club, es un lugar donde el deseo, el placer y la confidencialidad son protagonistas. Este lugar es mi mayor creación, mi orgullo, mi condena y mi mayor logro en la vida. Yo lo imaginé y lo logré, con solo 26 años tengo este club funcionando hace casi dos años. Este lugar es algo que nadie nunca ha visto en las Vegas y por eso es tan codiciado como exclusivo. Las personas al entrar firman un contrato de confidencialidad, ni ellos ni nosotros podemos divulgar la identidad de nuestros clientes. Están prohibidas las cámaras y tomar cualquier tipo de foto o video. Existe un sistema de máscaras que categoriza a quienes asisten. Nos manejamos por colores, n***o: dominantes, rojo: sumisos, blanco: dispuestos a todo, plateado: tríos, dorado: orgias, azul: azar, violeta: a oscuras, verde: observadores y naranja: buscando propuestas. Dentro de Oblivion, hay cinco alas además de la sala de búsqueda que tiene varias barras, sillones y todo para estar cómodos mientras encuentran compañero o solo para pasar el rato. Las cinco alas son: Castigo, para sumisos y dominantes. Demostración, consta de habitaciones donde se puede observar lo que hacen otras personas. Laberinto, habitación al azar con personas al azar. Velo, está completamente a oscuras todo, pequeñas luces titilantes cada 30 segundos señalizan las puertas. Eclipse, tríos y orgias y por último espejismo, no hay habitaciones, es una sala común con sillones, pero completamente expuesto, para quienes disfrutan de esa adrenalina. Mi club es perfecto, tiene todo, hay lista de espera para hacer membresías, personas muy importantes asisten a él. «El vacío no tiene nada que ver con él, en ese caso» ¿Qué vacío? Es absurdo pensar que alguien como yo podría tener vacíos en su vida. Lo tengo absolutamente todo: mujeres, dinero, un negocio exitoso, sin contar que además soy dueño de la mitad de un casino y una discoteca en las Vegas. ¿Qué más podría pedir? Mi contador lo dijo, este negocio seguirá facturando dinero cada vez más. Arrugo el entrecejo mientras salgo de Oblivion y subo a mi auto. Esta estúpida sensación no tiene nada que ver con un vacío. Como si tuviera tiempo para pensar en algo así con todos los asuntos por resolver que tengo. Durante todo el camino me aseguro de que mi seguridad vaya detrás de mí. Estaciono en mi departamento y cuando entro mi teléfono comienza a sonar. Tomo un respiro antes de tomar la llamada. —Acabo de llegar a mi departamento, ¿quieres que nos veamos? —Es tentadora tu oferta. No, por el momento no estoy libre para vernos, aunque me entusiasma que tú quieras verme —responde coqueta. Paso saliva y suspiro de modo que ella no me oiga. —Sabes que estoy a tu disposición, Katrina —ella sabe perfectamente cómo funciona esto. —Como si tuvieras otra opción, Kambell. Escúchame bien, el mes que entra vuelve a subir el monto—arrugo el entrecejo. —¿Qué? No puedes subirme sin aviso, ¿cómo planeas que lo consiga? —me altero. —Baja el tono conmigo, sabes que no me gusta cuando me hablas así. Llevemos esto de forma civilizada, Benjamín —me muerdo la lengua. —Está bien, si le toca subir esta bien, es lo acordado. —Claro que lo es, me dio gusto hablar contigo, pronto estaremos viéndonos, esta semana has estado con muchas, trata de bajar el número, no quiero que estés cansado para mí —no replico. —De acuerdo, que estés bien. —Gracias, cielito —cuelga la llamada y aprieto el puño. Justo ahora tiene que subir. Maldita sea. Subo hasta mi departamento y cierro la puerta de un golpe deseando golpear con mi puño la pared. Tranquilo, puedo arreglarlo. «O estropearlo más» Es imposible estropear más mi situación. Hasta sabe con cuántas mujeres estuve, ¿cómo podría estar esto peor? Tengo que dejar de estar con ella en Oblivion, mi propio refugio me delata. Carajo. Necesito descansar y luego veré cómo arreglo esto. ...... —Planeo ir esta noche. —¿Le preparamos lo de siempre? —Lo verificaré al llegar —el timbre suena y me acerco a ver la cámara. —Perfecto, señor Kambell. —Estaré llegando como... —las palabras se me atoran cuando veo por la cámara a mi hermanita y a ella. ¿Qué carajos hacen aquí? —Señor Kambell... —Lo siento, luego me comunico, se cancela todo —cuelgo y le hablo por el micrófono a mi hermana. —¿Crystal? ¿Qué haces aquí? —quisiera que eso fuera lo que más me sorprende. No lo es. Verla es lo que me deja sin palabras, lo que me invade de sorpresa y desconcierto. No entiendo qué hace aquí. —Benji, perdón por llegar de imprevisto, es que nos cancelaron la reservación, Fina está en los Ángeles así que... —¿Fina está en las vegas? —yo no estaba enterado de eso. Ellas no pueden estar en Las Vegas, ella no puede estar aquí. —¿Nos abres? Necesitamos donde quedarnos —está igual. No, mentira, se ve mejor. Nada de eso es relevante, no me interesa cómo se vea. Yo no quiero verla, no la quiero cerca. Carajos no la quiero aquí. No señor. —¿Por qué ella está contigo? ¿Qué carajos hacen aquí? —reclamo molesto. —Aprovechamos nuestras vacaciones, por cierto; no puedes decirle a papá —mi hermana está loca. Mi prima, todos. ¿Acaso nadie sabía que ella vendría o todos sabían y me lo ocultaron? ¿Cómo llega así se la nada a mi puerta? ¿No fui claro cuando la dejé? «Fue hace tres años, no debería importar» No importa en absoluto. Simplemente es incómodo tener a una ex en tu casa. Nada más. —Crystal, no. Vuélvete a Londres, aquí no se quedan ni tu ni ella. —mi hermana en las Vegas, está loca. Ella es una niña, apenas tiene 18 años, ¿qué carajos quiere hacer pasando sus vacaciones aquí? Además será una distracción, tendré que estar vigilándola más si mis padres no saben. Que niña terrible. —Tengo nombre, ¿o ya lo olvidaste? —reclama con ese tono firme y tan característico de ella —. Olvídalo, Crys, quédate tú, yo iré por ahí a ver dónde me quedo. No pienso quedarme aquí con este idiota —yo soy el idiota. Sí, claro que lo soy, por esa razón no debió aparecerse aquí. Está loca. —No, si tú te vas yo voy contigo. Qué malo eres, Benji —mi hermana arrastra su maleta con ella para irse. Mierda, mierda. No puedo dejar a mi hermanita varada. —Esperen... está bien, esta noche y mañana les conseguiré un hotel donde quedarse —solo es una noche. Ella dejó de importarme hace tiempo, por eso la dejé. No entiendo por qué está aquí. Maldición. Les abro la puerta y noto cómo ella se queda viendo la cámara antes de entrar. Esto no puede estar pasando. Esa mirada, esto no es casualidad, la conozco, quizás ella olvidó por qué nos separamos, pero yo no. Sigo firme en mi decisión. Froto mi rostro lleno de estrés esperando a que golpeen la puerta. Cuando lo hacen tomo un respiro. Abro la puerta y mi hermanita me abraza con fuerza. —¡Benji! Yo sé que estás feliz de verme, no me des un sermón, quién no quiere venir a las Vegas de vacaciones y lo de no decirle a papi y mami, tú ya entiendes que ellos se preocupan por todo —se ríe apartándose y detrás de ella la veo entrar. —Benjamín... —paso saliva. —Tú... —Amelia, cuatro vocales y dos consonantes, es un nombre fácil de recordar —remarca mordaz. —No puedes venir así sin avisar —regaño a mi hermanita. Ignoro a Amelia, no tengo interés en tener contacto con ella, si se queda aquí es porque no dejaré que mi hermana vaya a cualquier lugar. No me dejaron opción, la hubiera dejado fuera. Siento su mirada y no me permite concentrarme. —Qué dramático. Fina justo no estaba. —Ah sí y la mejor opción es venir a la casa de Benji, ¿no? —esto es muy conveniente. —Claro, eres mi hermano mayor —ruedo los ojos. —Solo esta noche, hermano mayor no hotel, ven aquí que te daré una habitación, la compartes con ella —mi hermanita sonríe emocionada y ella, solo está ahí viéndome con esos ojos. Siento que quiere obligarme a verla o algo así. Abro la puerta de la habitación que antes le di a Renata. —Por aquí —mi hermana entra y ella solo se acerca lentamente, no la miro, pero cuando se detiene a mi lado me veo obligado a hacerlo. —Tiempo sin verte, Benjamín —sonríe y paso saliva. Arrugo el entrecejo y me alejo. ¿Tiempo sin verme? Sí claro, tres años, tres jodidos años que no la veo y pensé que me había olvidado de cómo era su rostro. No, resulta que no, no lo olvidé. ¿Qué haces aquí, Amelia Reed? Si esto es a propósito te aseguro que no conseguirás nada, porque si lo has a olvidado te recordaré por qué me dejaste. Yo no soy un tipo para ti. Nunca lo fui. Y, por tu bien, más te vale no acercarte demasiado. Ni a mí. Ni a Oblivion.
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