XI

1944 Palabras

XIPasé todo aquel día durmiendo. Al caer de la tarde salí para observar el aspecto del pueblo, y en la taberna encontré a Lopito, que hacía con su navaja mil rúbricas en el aire, para que le viera Mariminguilla. Después, guardando el arma, me dijo: —Le he caído en gracia a la muchacha, y si el tío Malayerba no me la deja sacar de aquí, ya sabrá quién es Lopito. ¡Qué bien me porté anoche, Gabriel! Todos están entusiasmados conmigo, y para cuando tengamos al Príncipe en el trono, ya me han prometido darme una plaza de ocho mil reales en la Contaduría del Consejo de Hacienda. —Chico, si tienes buena letra... —Ni buena ni mala, porque no sé escribir; pero eso será lo de menos. Me ha dicho Juan el cochero que ahora van a quitar de las oficinas a todos los que puso el Príncipe de la Paz, y co

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