XV

1763 Palabras

XVAl punto empecé las indicadas operaciones, cuidando de poner en ellas todo el celo posible para contentar a mis generosos patrones. Debo ante todo dar a conocer la casa en que me encontraba. La tienda, sin dejar de ser pequeñísima, era lo más espacioso y claro de aquella triste morada, uno de los muchos escondrijos en que realizaba sus operaciones el comercio del Madrid antiguo. La trastienda era almacén y al mismo tiempo comedor, y los fardos de pañuelos y lanas servían de aparador a la cacharrería, cuyo brillo se empañaba diariamente con repetidas capas de polvo. Todos los artículos del comercio estaban allí reunidos y hacinados con cierto orden. Los Requejos vendían telas de lana y algodones, a saber: pañuelos del Bearne, género muy común entonces; percales ingleses, que desafiaban en

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