XXXI

1551 Palabras

XXXI—Una vez que tomaron el Parque —continuó Juan de Dios— entraron en esa casa de la esquina y en otra de la calle de San Pedro para prender a todos los que les habían hecho fuego, y sacaron hasta dos docenas de infelices. ¡Ay, Gabriel, qué consternación! Yo entraba en la taberna para echarme un poco de agua en la mano... porque sabrás que una bala me llevó los dos dedos... Entraba en la taberna y vi que sacaban a Inés. La pobrecita lloraba como un niño, y volvía la vista a todos lados, sin duda buscándome con sus ojos. Acerqueme, y hablando en francés, rogué al sargento que la soltase; pero me dieron tan fuerte golpe, que casi perdí el sentido. ¡Si vieras cómo lloraba el pobre ángel, y cómo miraba a todos lados, buscándome sin duda!... Yo me vuelvo loco, Gabriel. El buen eclesiástico sub

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