XXXIV

410 Palabras

XXXIVEl oficial recién venido y el que antes nos custodiaba hablaron un instante con precipitación. El segundo dirigiose en seguida a desatar a Inés para entregarla a su amigo. ¡Momento inexplicable! Inés no quería separarse de nosotros, y abrazándonos, se aferraba a la muerte con sus manos ya libres. Un violento, un irresistible egoísmo, que hundía sus poderosas raíces hasta lo más profundo de mi ser, se apoderó de mí. No sé qué íntima fuerza desarrollada de súbito me permitió romper la ligadura de un brazo, y pude asir fuertemente a Inés, mientras con angustiosa impaciencia miraba los fusiles del pelotón de granaderos. ¡Instante terrible, cuyo recuerdo hiela la sangre en las venas y paraliza el corazón, simulando la muerte! Aunque la infeliz quería compartir nuestra suerte, la tardía co

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