capítulo 7

1426 Palabras
CONTRATO DE CONFIDENCIALIDAD Y NO DIVULGACIÓN DE INFORMACIÓN Octubre 6 del 2020, Barquisimeto, Venezuela. POR UNA PARTE: La señorita Sofia Montenegro, con facultades suficientes para este acto y POR OTRA PARTE el señor Sebastian Gottier, dueño mayoritario de Joyerias Gottier y con sede en esta ciudad CONVIENEN lo siguiente: PRIMERO. —Ambas partes acuerdan proteger la confidencialidad de la relación existente entre las mismas. A estos efectos y en adelante, la expresión “EMISOR” significa la Parte que facilita la Información Confidencial y “RECEPTOR” significa la Parte a quien se le facilita o quien recibe Información Confidencial… ………………. Dentro del documento seguían otros seis puntos a digerir, dando a entender que debía guardar completo silencio ante lo que se hablara entre ellos desde ese día en adelante, manteniendo cualquier secreto en completa confidencialidad por un periodo mínimo de nueve años o hasta que ambas partes creyeran prudente. ¿Por qué necesitaban de aquellos papeles? ¿Qué tanto confiaba aquel hombre en ella? Sofia lo leyó dos veces antes de fijarse en su acompañante. La información que iba a entregarle debía ser muy valiosa para hacerla firmar este tipo de contrato. Dentro del tiempo que llevaba en la empresa, había tenido que redactar algunos, pero jamás pensó que sería protagonista al momento de firmarlo. Cerró los ojos y no lo pensó más, tomó la pluma y firmó en su lugar en ambas copias que estaban archivadas. El señor Gottier hizo exactamente lo mismo, tomó una de las copias guardándola en un sobre y entregándosela a ella. Él pasó una mano por su cabello antes de mirarla fijamente —Sofia… Quiero que seas mi esposa. Firme aquí No creía haber escuchado bien, era imposible que estuviese refiriéndose a ella. Tal vez solo confundió nombres o se trataba de un ensayo de las palabras a utilizar cuando estuviera frente a la mujer correcta. No obstante, al ver sus ojos marrones penetrantes, fijos y atentos en cada uno de sus movimientos y expresiones, tenía la leve sospecha que sí se trataba de ella. Intentó respirar, pero parecía imposible, sus pulmones se hallaban prisioneros contra las costillas, impidiendo que su organismo funcionara como correspondía, que algo de oxígeno llegara a su cerebro. Anhelaba cerrar los ojos y hacer como si desapareciera en un solo pestañeo, tal cual recordaba de pequeña: la oscuridad desaparecía lo malo. Si bien, seguía frente a la fuerte presencia del felino al asecho. Quería fervientemente que fuera una cámara escondida, una broma hiriente de parte de su jefe por haberse relacionado con su madre sin autorización de el. Podría aceptar cualquier cosa con tal de terminar con ese juego y aliviar la falta de aire. A su lado, el roce constantemente de la tela del traje costoso del señor Gottier contra el sillón, indicaba impaciencia. Deseaba mirarlo para asegurarse que era una treta y a la vez evitar esos ojos fieros que esperaban cualquier reacción para atacar. En solo siete semanas sabía perfectamente que no le gustaba que le hicieran esperar y menos con un tema que al parecer era importante. Sin embargo, no podía decir nada, estaba en shock, sin creer ninguna palabra: Sofia, quiero que te cases conmigo… ¿Cómo? Por fin logró tomar una bocanada de aire antes de volver a sentirse oprimida por dentro. El hombre a su lado seguía mirándola esperando alguna palabra, verdaderamente no sabía que decir, nada tenía sentido, solo llevaban una relación laboral de un par de horas al día con suerte. Cruzaban dos palabras y luego cada uno en sus asuntos. ¿Cómo de un momento a otro le decía que quería casarse con ella? ¿Cuál era la verdadera razón? Volvió a respirar, un suspiro pausado que hizo funcionar su organismo con regularidad. —Señor Gottier … —Seré más claro —interrumpió el hombre. No dejaba de mirarla por lo que se sentía cohibida, a punto de llevarse las manos al rostro para desaparecer, como una niña tímida y asustada. —Necesito una mujer que sea mi cómplice, mi mano derecha y que para el resto del mundo sea mi esposa mi mujer, ¿se entiende? —Le se-seré sincera… No entiendo n-nada. ¿Por qué quiere que sea su e-esposa? Puedo ser su mano derecha sin necesidad d-de… Ese tipo de compromiso. Él negó volviendo a acomodarse en el sillón para tenerla de frente, obligándola a mirarle. Sus ojos eran intensos, el tigre buscaba la manera de engatusar a su presa esperando una respuesta afirmativa. Conocía muy bien el efecto que lograba, cómo manipulaba usando la seguridad y sensualidad que tenía el animal, que armas utilizar. Este hombre entendía perfectamente lo que estaba exigiendo y como lograr su cometido; de esa forma logró formar aquel imperio. —Iremos al grano, señorita Montenegro, sé que es muy inteligente y puedo confiar en usted. Mi trabajo es bajo presión, abarco varios ideales que quiero para mi empresa, usted ya los manejó en menos de dos meses. Debo agradecer a mi madre con la ayuda que me otorga con la fundación, pero tanto ella como mi padre están preocupados por mi situación y no dejan de lanzar indirectas sobre mi vida sentimental constantemente. Luisa acaba de salir de aquí asegurando que conoce a alguien que me acompañe en este viaje. Bien, eso era raro, o demasiada desesperación. ¿Es que ese hombre nunca había tenido una mujer a la cual presentar? ¿Tal vez no le gustaban las mujeres? Lo creía poco probable, tal vez solo era la primera vez que llevaba tanto tiempo sin una pareja o algo asi. —Una esposa podría encargarse de aquellos asuntos sociales, una socia para formar un gran equipo, alguien que comparta mis ambiciones, aparte de calmar a la familia de creer que moriré solo y sin amar —la chica se tensó ante esas últimas palabras, Sebastian lo notó—. Tranquila, no es lo que busco. —¿Por qué yo? —murmuró ella. —En solo siete semanas has logrado lo que nadie más en seis años. Has llevado una empresa como si fuera propia, te adelantas a mis deseos y hasta has tenido ideas que nunca se me han cruzado por la cabeza. Seríamos una pareja perfecta en negocios y por lo general no me equivoco en eso. Sofia desvió la mirada, se sentía elogiada, eso quería decir que realizaba su trabajo como correspondía, mejorando las expectativas de su jefe, pero eso no significaba tomar una decisión tan importante como la que exponía con tanta normalidad, como si estuvieran hablando del café que tomaría esa mañana. Él abrió nuevamente la carpeta mostrando otro documento, este con varias páginas adicionales que deslizó hasta su posición. Como título llevaba CONTRATO DE SOCIEDAD, no dejó de mirar el manuscrito mientras el señor Gottier seguía hablando. —Aquí está especificado todo lo que quiero de ti y todo lo que recibirás de mi parte. Si crees que algo no te agrada, será conversado, revisado y podemos ajustarlo a nuestros intereses. La idea general es casarnos, ser un equipo de trabajo, de la puerta para adentro cada uno tiene su vida y de esta hacia afuera somos un feliz matrimonio. Así de simple. Para ella parecía un contrato de sangre, como si estuviera entregando su alma al diablo, donde definitivamente debía tener letra chica. Se preocupaba de ser vendida al mejor postor, en este caso, era uno de los hombres más importantes del país. No podía entender que veía en ella para ofrecerle una cosa así y más que estuviese pensando si aceptar o no. Como si el hombre pudiera leer sus pensamientos siguió hablando. —Sé que parece algo fuera de lo convencional, pero si lo piensas bien, ambos salimos ganando. Yo obtengo a una excelente profesional para manejar mi empresa y tú encuentras la protección que tanto necesitas. La chica se giró bruscamente asombrada de las palabras que utilizaba su acompañante. Él lo sabía. —¿P-por qué cree q-que necesito pro-protección? —Él se rio entre dientes. —Vamos, señorita Montenegro, ¿cree que la hubiera dejado entrar en mi empresa sin saber lo que oculta o escondia? —Y-yo no oculto… —La mandé a investigar ese día que Karla la puso en el puesto. Viene de una humilde casa en La Esmeralda, Valencia, no tiene familia y misteriosamente de un día para otro tomó un avión hacia Barquisimeto, abandonando la casa de sus padres y su empleo de medio tiempo. Es obvio que escapa de algo, si no me quiere contar, es cosa suya.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR