—¿Estoy interrumpiendo? — Sus dedos esbeltos trazaban a lo largo del delicado escote del vestido. —Con ese aspecto, puedes interrumpir mi funeral. Seguramente resucitaría solo para echar un mejor vistazo— la voz de Fenrir se volvió más ronca de lo habitual, mientras su mirada recorría cada curva de ella. —Oh, ¿te refieres a esta cosa vieja? — Ella se rio, curvando los labios y acercándose. Fenrir arrojó la manguera que tenía en la mano y esta comenzó a enrollarse y retorcerse, rociando destellos de gotas brillantes de agua en todas direcciones. Bajo la luz opaca de las lámparas, dentro del invernadero, parecían cascadas de diamantes cayendo sobre sus cabezas. Astrea estalló en risas, pero Fenrir permaneció tranquilo, sus ojos sin apartarse de la hermosa mujer frente a él, ni siquiera

