-Buenos días ¿en qué le puedo ayudarle? - Pregunto una joven castaña que, al verme entrar, me observo de arriba abajo. -Buenos días señorita, quisiera ver vestidos por favor- Dije de forma agradable. La actitud de la mujer era una que se tiene cuando se tienen prejuicios por las personas que aún no conocemos, su expresión corporal me hacía sentir como que, si yo tuviera lepra o algo peor, ya me estaba comenzando a molestar su tonta actitud la cual entendía a la perfección, esta era como esa típica escena que hacían en múltiples películas románticas donde entraba la mujer pobre a una lujosa tienda de diseñador y la trabajadora de la tienda que se creía la dueña, humillaba a la humilde chica, solo que aquí estábamos en la vida real y yo no tenía nada de tonta. “Vamos Bella, tú puedes con

