Ella tenía miedo. Miedo de liberar todas sus inhibiciones. Podía entenderlo. Yo también había sentido lo mismo. Muchas veces. Pero la perspectiva de estar con Gabrielle no me asustaba. No era esa mi preocupación. Por mi parte estaba decidido a no joder las cosas con ella de nuevo. ¿Joder con ella? Sí, sin duda. ¿Joderlo todo? No esta vez. «V e despacio. Explícale lo que deseas. Averigua lo que necesita… y dáselo». —Shhh…, no tengas miedo. —Bajé la cabeza y la besé con anhelante suavidad, apenas dibujando con la lengua un trazo sobre sus labios. Ella era perfecta—. Ni de ti misma ni de mí, ¿de acuerdo? —le pedí, inclinándome para buscar su mirada. —De acuerdo —suspiró. La sentí temblar bajo mis manos. Lo que ella no sabía era que sus estremecimientos solo eran el preludio de lo que

