EL REGALO Pasó una semana antes de que él volviera a decirle que la amaba. Marianne rebuscó en todos los lugares habituales. Había acudido a su estudio para revisar el libro de cuentas de la casa, pero no había encontrado el volumen. Su escritorio tampoco estaba como debiera. Aquello era muy extraño, preguntaría a la señora West para resolver aquel misterio. Concentrada en sus pensamientos mientras rebuscaba en los cajones, no escuchó entrar a su marido. —¿Has perdido algo, cariño? —¡Oh, Darius! Lo cierto es que sí. He subido para revisar las cuentas, pero no encuentro los libros. No están en ninguna parte del estudio y, fíjate, alguien ha hurgado en mi escritorio. —Bueno, ¿qué me dices? Debemos buscar al culpable y ocuparnos de que reciba el castigo que se merece. —Se acercó a ella

