—¿Porque nadie me dice nada?— pregunto alzando la voz a la pobre enfermera que no tiene la culpa de nada— lo lamento, pero estoy muy nerviosa, han pasado horas. Horribles y tortuosas horas dónde me dicen nada, nunca había estado en un hospital menos en uno así, yo no soy como Leandro Rossi o los Smith, a mí los apellidos y los lugares de lujo no me importan pero este ambiente es bastante deplorable, los asientos están rotos, las filas y los enfermos no dejan de llegar y lo peor es que deben esperar por atención, una mujer está gritando de dolor con una enorme barriga, sin embargo, para ellos aún no es prioridad y me aturden aún más, el miedo de pensar que Leandro se puede morir aquí me quema, como diablos voy a explicar todo esto, como es que hemos llegado hasta aquí. —¿Puedo verlo?— es

