La empujó escaleras arriba hasta su habitación. Sacando un melocotón grande del bolsillo, le dijo: «Abre», y se lo metió entre los dientes. «Muerde, pero no del todo». La observó mientras obedecía. «Bien hecho, ahora sujétalo ahí. Inclínate hacia delante y pon las manos en la cama, con los pies separados a la altura de los hombros». Levantándole la falda, arrugó la tela que le cubría el trasero y tiró con fuerza, dándole un calzón chino y dejando al descubierto sus nalgas. Ella gimió suavemente con el melocotón dentro. Se dirigió a la bolsa que había preparado y sacó un pequeño cinturón de cuero para mujer. El primer latigazo del cinturón la tomó por sorpresa y casi escupió el melocotón, ya que su chillido se ahogó con él. "Eso fue por no contarme sobre los mensajes de Jim". La azotó de n

