Se bajó la cremallera del pantalón, la levantó, rodeándola con las piernas y la penetró. Su boca se cerró sobre la de ella, robándole sus gritos de placer. La tensión acumulada de la larga tarde y noche convergió para que ambos se corrieran rápido y con fuerza en tan solo unos minutos. "No me canso de ti, mi pequeña zorra". Respiraba con dificultad mientras él se apartaba y la bajaba, mirándola, y ella lo miró con ojos preocupados. "Dime qué tienes en esa linda cabecita, mi Ellie". Su mente daba vueltas y se mordió el labio. Se asomó por el borde del árbol. «Si me quedo contigo, siempre seremos así de reservados y nunca seremos como ellos. Como las parejas que se besan de la mano». "¿Por qué no lo haríamos?" "Bueno, para empezar estás casado." "No por mucho más tiempo." "Es cierto, pe

