—Eso parece. Tú y Mel eran muy unidos, ¿verdad? —preguntó Dorothea con tono conversacional, con curiosidad, presentiendo que Stephen ocultaba algo más. "Fue mi mentor y uno de mis mejores amigos", asintió Stephen. "Solo quiero saber que la están cuidando como es debido". "Para ser un bastardo tan arrogante, Mel ciertamente inspiraba lealtad entre sus amigos", rió Dorothea y Stephen esbozó una sonrisa. "En el fondo sigues siendo una niñata, ¿verdad? Tienes razón, aunque a veces podía ser un cabrón arrogante; era parte de su encanto". Sonrió con suficiencia. "Si buscabas una reprimenda, busca en otra parte, no seré yo quien te dé la zurra que te mereces", la reprendió Stephen. —Oh, caca —hizo un puchero fingido—. No se puede culpar a una vieja por intentarlo. Stephen se rió y volvió a la

