A medida que las pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer del cielo, Zayd buscaba a Quinn entre la multitud. Finalmente era el momento y Marcia había ido a buscarla a su habitación. Se sentía más impaciente que nunca; verla... tocarla, y la felicidad que trataba de ocultar se mostraba descaradamente en su sonrisa incontrolable. Quinn iba a ser suya legítimamente... la felicidad que sentía era algo que ni siquiera podía explicar. Su corazón latía con fuerza; como un tambor, y la anticipación intentaba acabar con él. No podía esperar a que bendijera a la multitud con su belleza e iluminara esta noche oscura. Cada paso que diera lo destrozaría maravillosamente y cuando finalmente estuviera en sus brazos, se desmoronaría y rendiría... ¡Maldición...! Había sido tan difícil mantenerse aleja

