Zayd sonrió mientras sostenía la bandeja en su mano frente a su habitación, pero esa sonrisa agradable desapareció cuando pudo percibir a su madre y también escuchar su voz. Agarró el pomo, girándolo y empujando la puerta abierta. —Mamá, te lo dije… Su boca se quedó abierta cuando encontró a Quinn abrazada a su lado, ambos sonriendo por algo que él no quería que Quinn viera ni supiera. —Jesucristo Marcia... ¿por qué le mostrarías eso? Apresurándose adentro, colocó la bandeja en la mesita de noche y arrancó el álbum familiar de la mano de su madre. —Sabía que serías tú quien me avergonzaría, pero no hasta este punto. ¡No tenía dientes delanteros en aquel entonces, mamá! —Oh, vamos, aún eras lindo... ¿verdad, Quinn? —Sí, tenías las mejillas tan regordetas... eras un niño lindo. Z

