Ella se retorció con los ojos bien abiertos. —¿Cómo me encontraste? —¿Qué? ¿Pensaste que sería difícil? Zayd suspiró, apretando su agarre alrededor de su muñeca. —Te he estado observando sufrir durante horas, obligándote a correr como si tu vida dependiera de ello. Consideré dejarte ir, Quinn... de verdad lo hice. Quiero decir, te esforzaste mucho para llegar hasta aquí, pero no puedo permitirlo, no cuando estás así. Se acercó más a ella, colocando su mano sobre su frente. —Estás ardiendo... lo sospechaba. —No, yo... —Solo me engañaste una vez con tus pequeñas distracciones, después seguí el rastro que se iba volviendo más débil y no los que permanecían estancados. Fue un truco sensato que podría haber funcionado si pudieras moverte un poco más rápido. Pero en esta forma, no ere

