Capítulo 1: Deseo salvaje.

1965 Palabras
Capítulo 1: Deseo salvaje. 【Zion】 La tomo con fiereza y sin importar que aún no hemos llegado a la casa, me abalanzo sobre ella, paso mis manos por su rostro y la atraigo hacia mí, la miro a esos ojos verdes que tanto me han dominado, que por años había deseado que me observaran con la misma intensidad con la que voy a entrar a ella. —Mañana tendré que irme a resolver unos asuntos y lo más probable preciosa es que me tarde demasiado, llegue muy cansado a casa por lo que aprovecharé cada instante que pueda estar contigo. — Le susurro mirando sus labios pasando mi pulgar por su labio inferior suavemente, después mis ojos dan con los suyos y sin decir ni una palabra Mi Mujer accede a ser mía otra noche más. Ni una palabra más se atraviesa entre nuestros labios, ni un segundo dejo pasar porque nuestros labios no se merecen estar separados más tiempo con ferocidad mis labios chocan contra los suyos, para tener una mejor posición dejo mi mano derecha en su pierna presionándola un poco. —Mmm… Zion…Terminemos de llegar a la casa, estar en el auto es incómodo y lo sabes…— Me reprocha Mi Mujer, sé que es incómodo, pero se me atraviesan una ganas grandes de estar con ella de todas las posiciones posibles. «¿No saciarías a alguien como yo?, que sabes qué soy tu amo, pero a la vez soy tu esclavo, alguien que quiere tocar tu cuerpo y su eléctrica belleza». —Lo sé solo me doblego porque no falta nada para llegar a la casa… (Me alejo de ella, aunque impulsivamente vuelvo a estar cerca de su rostro)… Pero de mí no te salvas. — Le robo un corto beso en los labios vuelvo a mi asiento, tomo el volante y piso el acelerador, nos faltan dos manzanas para llegar a la calle, en pocos segundos estamos en frente de la casa y de sus llaves presiona el botón para activar el portón eléctrico. Este se abre y despacio entro a la casa, aparco el auto, giro las llaves apagando el vehículo, saco las llaves y abro la puerta, estando afuera del auto me estiro un poco porque sé que lo que viene será bueno. Rodeo el auto y le abro la puerta a Mi Mujer. Le ofrezco mi mano, ella duda por unos pequeños instantes, más me la toma. Cómo es de esperarse, no me puedo quedar quieto, por lo que la jalo del brazo atrayéndola a mí, en eso aprovecho para cargarla en mi hombro. —¡Zion!, agh…No puedo contigo. — Se queja de mis inesperadas acciones, solo puedo reírme porque según mis planes por ella puedo cruzar todo el maldito infierno, siento que soy capaz de hacer lo que fuera por ella. Esto no lo haría por nadie que no fuera de mi familia, exceptuando a Zack que es mi hermano del alma. Así que no dejaré que ella se escape de mis brazos, por lo que sí ella está de acuerdo, me tendrá a su lado por el resto de su vida. Doy unos pasos para terminar de llegar a la entrada de la casa, agilizo mi mano deslizándola por mi bolsillo, agarrándola y con mis dedos elijo la llave correcta insertándola en la cerradura, tomo el picaporte, lo llevo para abajo. «No puedo esperar más, es que tanta tensión me excita». Una risita maligna se me escapa de mis labios, cerrando la puerta, camino rápido para una de las habitaciones más grandes del primer piso, abro la puerta y un olor a vainilla llega a mis fosas nasales por lo que inspiro de una manera profunda, finalmente dejo a Mi Mujer en la cama y voy un momento al baño a limpiarme un poco. Al regresar no me importa sí aún tenemos nuestras ropas, me posiciono sobre ella apoyando mis manos contra el colchón y yendo por sus labios sin pedirle permiso. Los hago míos, saboreándolos y acariciándolos de una forma salvaje, con cada movimiento de nuestros labios, siento que se me templa mi pichula, cuestión que me gusta sentir a diario. Las manos de Paulette viajan a través de mi camisa, donde sus dedos pasan logra erizarme la piel, toma mi camisa al final dejo que me la saque porque ya estaba demás. Mis labios se separan de los suyos queriendo explorar su piel. La beso por su cuello encontrándome con la suave textura de su piel, sin perder ni un segundo las ganas de seguir saboreando su piel, sigo bajando hasta toparme con su camisa. —Agh…Esta maldita cosa. —Resoplo jodido por la estúpida camisa que corta toda la tensión caliente que llevábamos por lo que la tomo y la rompo, de una vez Pau se levanta y me mira con toda la cara roja, ofendida por lo que he hecho. —Zion, ¿Pero, qué te pasa?, Andas muy… — No dejo que termine de insultarme es lo menos que me interesa saber en este momento, he estado varios días sin Mi Mujer y ahora que la tengo no la voy a desaprovechar al modo que a mí más me guste. Por lo que sigo con lo mío, mis labios siguen recorriendo cuesta abajo su piel, me vuelvo a conseguir con otro obstáculo que corta todo momento sensual-salvaje que quiero crear. «Su sostén, ya le he dicho que por mí puede andar todo el día sin ropa en la casa que a mí me gusta ver su cuerpo como es, ella se niega diciendo que tiene que ocultar la celulitis y todas esas cosas que a mí no me interesan, porque es hermosa como es». No sé cómo me he convertido en un perro salvaje que como el broche de sus sostén es por el frente, con mis dientes se lo remuevo, liberando lo segundo que más me gusta de su cuerpo. —No ya, no me gusta que estés tan salvaje cómo sí nunca hubieras cogido en tu vida, ¿Qué es lo que tanto quieres que estás tan desesperado?. — Inquiere furiosa por mis comportamientos y lo acepto, tengo la culpa de desearla tanto que al tal punto ya no soporto que nuestros cuerpos estén vestidos y no se estén tocando uno al otro con la piel desnuda. —Sé que te gusta que esté romántico, más no puedo evitar que hoy estés tan deseable, nada más… Déjame… Sentirte. — Le musito mientras que deslizo mi mano por debajo de su pantalón, buscando el punto que más le gusta solo para probar algo. —Está húmeda por lo que… Lo que hago te excita. — Concluyo con esas palabras sacando mi mano de su pantalón para desabrochárselo y jalárselo, ella me mira con indignación por lo que decido alzar mis manos en el aire apartarme de la cama. —Yo seguiré si es lo que tú deseas, pero si no quieres no lo haré. — Me restrinjo porque no quiero faltarle el respeto y si no quiere, está bien. Ella frunce el ceño y chasquea los dientes. —No te detengas, sé salvaje porque por este Zion salvaje-romántico fue el que se llevó mi corazón y más nunca me lo devolvió. — Nada más tenía que escuchar eso para no limitarme más. Ya que no quiero extralimitarme porque una vez me dijo que se lo hice extremadamente fuerte. Pero no puedo hacer más nada, así es cómo soy, me gusta ser de ese modo, salvaje en el sexo, más todo el tiempo casi todo un romántico con ella, el otro pequeño porcentaje un empresario muy serio, así más o menos son mis fases, exceptuando cuando se me mete mi viejo amigo el demonio que eso es en casos especiales. Esta vez saco mi verdadera esencia, sin controlarme le vuelvo a besar los labios, siento sus manos recorrer por mi torso una de las mejores caricias que más me gustan, sonrío sobre sus labios, cómo ya es mía. Puedo pasar mi lengua por su piel, una manera muy erótica de encenderla y poner las cosas más calientes. Bajo hasta una de mis partes más favoritas, por lo que paso mi lengua por sus pezones, una y otra vez por diversión, sé que le gusta porque sus manos me toman fuerte de mis brazos, remojo mis labios y le doy algunos besos en su abdomen, si poderlo evitar le muerdo un poco casi al lado de su ombligo porque me gusta mucho, pero mucho su piel. Con mis manos le quito lentamente los pantalones hasta que se los dejo totalmente afuera, se posiciona para mí, por lo que pongo mis manos en sus piernas y acerco mi rostro a su feminidad, le imparto estímulos a su clito, primero salvajes y luego suaves para que no se venga tan rápido. Escucho quejidos de su parte, lo que llega a excitarme más de lo que estoy, en verdad siento a mi pichula muy duro y firme. Más me aseguro de satisfacerla en todo lo que ella quiera, así que me quedo un poco más jugando con su punto, disfrutando de escuchar sus quejidos. Termino por pasarle una última lamida a su feminidad completamente, expulso aire por mi boca, porque de algún modo también desprendo adrenalina por las ansias de estar dentro de ella. No hay necesidad de un condón, podemos sentir la experiencia completa sin correr el riesgo ya que me aseguré de ello. La compra de condones ya no será necesaria. Me quito los pantalones de una sola vez, tomo mi pichula bien templada con mi mano y se la rozo una y otra vez para nada más crear más excitación para ambos, con la desesperación y la excitación en las manos lentamente deslizo mi pichula dentro de su feminidad, lo hago completamente para sentirla de la mejor manera posible. —Tsk… — Ambos gruñimos al mismo tiempo, pronto comienzo con el vaivén, sintiendo una y otra vez como nos complace a ambos tal acción. Voy con lentitud y calma para disfrutar de como el placer se emana en mi cuerpo. Más Mi Mujer mueve sus caderas de arriba a abajo, por lo que acelero los movimientos, pongo una mano en su abdomen, cada vez, sin algún punto de retorno voy más y más rápido, hasta que sin poderlo evitar de alguna manera voy intenso y descontrolado, una y otra vez, haciendo de este vaivén movimientos intensos y profundos. —Me fascina como me la… aprietas…— Gruño siguiendo con los movimientos intensos, medios salvajes que me encanta hacer, sin limitarme. Haciendo que el choque de nuestras pieles suene, llegando cada vez más a ese punto de éxtasis que tanto he anhelado llegar junto a Mi Mujer esos días que no pude verla, escucho los quejidos de Mi mujer y algunos gruñidos míos por toda la habitación, cegado por el placer que me entrega el sexo que tanto disfruto hacer. Lo hago con más fuerza y veo como su espalda se arquea saliendo de sus labios un gemido, por lo que doy algunas embestidas más y salgo de ella para llegar a mi punto preferido. —Tsk… Te quería tanto en mi cama que ya no podía soportar más. —Confiesa ella llevándome por sorpresa, por supuesto. Me tengo que acortar el espacio entre nosotros para darle un buen beso en los labios. —Preciosa, también te quería a mi lado, pero sabes que podemos seguir aprovechando la noche para estrenar esta habitación que no habíamos estrenado. — Le sugiero con voz ronca viéndola a los ojos, con una mirada de complicidad ambos sonreímos maliciosamente. —Claro, quiero seguir estrenando contigo esta cama junto con las sabanas. — Menciona con picardía y ante eso no me puedo resistir.
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