Amelia llegó a su trabajo, y decidió enfocarse en ello pues no quería volver a pensar en aquel sueño.
—Amelia, llegó Juan—dijo Caro su asistente.
—Hacelo pasar.
Juan tenía 13 años, era paciente de Amelia desde que ella se había egresado, padecía una extraña enfermedad, tenía que cuidarse mucho pues sus defensas no eran buenas, hasta para ser atendido por ella tenían que acondicionar el consultorio.
—¡Hola Juan!—dijo Amelia
—¡Hola Amelia! ¿Puedes bajarte el barbijo? Me gusta tú sonrisa—dijo él mirándola.
—Sólo un momento, ¿sí?—bajandose el barbijo.
—Gracias Amelia, ¿haremos lo de siempre?—dijo él sacando una baraja de cartas de su bolsillo.
—Vamos a conversar un poco sobre cómo te has sentido estos días, hace bastante que no venías.
—Perdón, tuve un inconveniente, se me ocurrió que quería sentir la lluvia, y pesqué un resfriado, como te imaginarás para mí no es tan sencillo superar algo así. Asique estuve bastante tiempo en casa, sin salir. Investigando cosas nuevas.—dijo él muy concentrado en su baraja.
—¿Valió la pena?
—¡Claro que sí! No recordaba la última vez que me sentí así.
—¿Así cómo?
—Libre doc, libre—dijo él con la mirada iluminada.
—Yo no estoy en contra de que pruebes cosas que te gusten o necesites, pero siempre y cuando te cuides, mira justamente por eso no te he podido ver.
—¿Me extrañó?
—Obvio, sos el paciente más lindo e inteligente, siempre me enseñas algo nuevo—observó sus manos—¿Juan sos tarotista ahora?
—Estuve incursionando en las artes de la adivinación, buscando respuestas, y encontré una página que te mandaban un manual con la baraja para aprender a leer las cartas. Estoy a nada de tener mi propio consultorio—ríe.
—¿Respuestas?—no pudo evitar su curiosidad
—Sí doc, respuestas de porqué esto me tuvo que pasar a mí—dijo él apenado
Juan nunca había dejado que su enfermedad lo detuviera, que ahora pensara esto asustaba a Amelia, pues no quería que él cayera en depresión.
—Yo creo que a veces las cosas simplemente pasan, somos dueños de lo que hacemos con eso, he estado siempre muy orgullosa de vos, porque sos un ser increíblemente fuerte que logra todo lo que se propone, mirate ahora sos tarotista dudo que alguien consiga todo lo que vos.
—Gracias doc, pero el encierro me ha deprimido un poco, ¿le puedo hacer una lectura? Ya estoy cansado de hacérselas a mi mamá.
—Sinceramente no creo en estas cosas, pero sólo accedo por vos.
Juan comienza a mezclar las cartas, las divide y le hace elegir un mazo. Amelia elige uno y él comienza a hablar.
—Bueno doc, que interesante se ve esto, me sale que está preocupada por algo que no logra entender, pero tiene que relajarse porque sus sueños le están tratando de decir algo. ¿Usted cree en vidas pasadas?
—No, en realidad no.
—Comience a creer porque un gran amor de sus vidas pasadas, viene a encontrarla en esta. ¿Qué opina?
—Opino que te cuides más—ríe
—Hágale caso a Juan el gran maestro.
—¿Ese es tú nombre artístico?
—Prefiero llamarlo mi nombre mágico—dijo él sonriendo.
—Está bien gran maestro, prometo poner atención, nos vemos la próxima sesión, saca tu turno ahora.
—Gracias, pero prometo investigar un poco más de las vidas pasadas, me parece muy interesante el tema.
Él se despidió con una gran sonrisa, y Amelia quedó con más dudas que certezas después de esa extraña visita.