Amelia llegó a su apartamento bien acompañada, ella lo besaba y él recorría su cuerpo con sus manos, cuando menos lo pensaba ya habían entrado a la habitación, él la tomaba deseoso, ella le correspondía.
—Amelia ¿dónde vamos nosotros?—preguntó Franco
—No entiendo tú pregunta—dijo Amelia
—¿Qué somos nosotros? ¿Somos una pareja? ¿O sólo somos un par que se ve de vez en cuando para quitarse las ganas?
—Somos un par que se ve de vez en cuando para quitarse las ganas—dijo Amelia.
Franco se quedó perplejo ante esa respuesta tan decidida.
—Yo creo que no deberíamos seguir viéndonos
—¿Por qué? ¿Porqué soy totalmente honesta?
—No Amelia, no es por eso, es porque yo comienzo a necesitar algo más que sólo esto—dijo él vistiéndose, la besó y se fue.
Amelia quedó confundida, su propio crush la había botado porque ella sólo esperaba una cosa de él.
—Las mujeres cada vez más liberales y los hombres cada vez más reprimidos—pensó ella y volvió a dormir. Nuevamente tuvo esos sueños extraños.
*******
—Madre porque tengo que participar de esta cena, si son negocios de mi padre con la familia Fader—preguntó Esperanza
—Porque viene también su hijo y su sobrino que recientemente han vuelto de la universidad, y además tú padre cree que te hará bien comenzar a tratar con muchachos de tu edad—contestó Sonia la mamá
—¿Comenzar a tratar con muchachos de mi edad? ¿Por qué será que me suena a que me quieren casar?
—Esperanza, ya estás en edad de conocer a alguien y formar tú propia familia.
—Conocer YO madre, no que me presenten.
—Te pido que no seas impertinente hoy, es importante para tú padre.
Esperanza bajó una vez que la mesa estuvo lista y los invitados ya habían pasado al comedor.
—Disculpe señor Drumond, ¿su hija nos acompañará hoy?—preguntó el señor Fader.
—Sí, ya debe estar por bajar señor Fader.
—Buenas noches señores—dijo Esperanza, mientras que su mirada se cruzaba con la de Rodrigo y se quedó allí, sin poderse despegar una de otra.
—Buenas noches Esperanza—dijo el señor Fader—le presento a mi hijo Rodrigo y a mi Sobrino Cristian, recién llegados de la universidad.
—Es un gusto señores—respondió Esperanza amablemente.
—El gusto es todo mío—dijo Cristian—si hubiera sabido que tenía una hija tan hermosa hubiera regresado antes—agregó.
—Un hombre que sacrifica su futuro por algo tan vanal como la belleza de una mujer no es muy digno de confianza y estabilidad ¿no le parece señor Cristian?—respondió Esperanza, luego recibiendo un pellizco de su madre.
—¿Y alguien que es capaz de abandonar lo que ama, o de resistirse al amor si lo es?—preguntó Rodrigo que no podía apartar los ojos de ella.
—Es un punto interesante el que plantea, a qué damos más trascendencia en nuestras vidas a las pasiones o las obligaciones.
—Las pasiones son pasajeras, son como un huracán que nos atrapa y luego nos deja, ¿vale la pena el riesgo?
—Una vida sin riesgos, no es vida mi señor.
—Propongo un brindis, por las pasiones que dan vida a la vida—dijo el señor Fader.
La cena transcurrió sin mayores sobresaltos, la química entre ellos era evidente, todos en esa mesa podían notarlo, hasta Cristian lo supo pero no se iba a rendir tan fácilmente.
Esperanza se retiraba, ya era tarde, los caballeros se quedaban bebiendo brandi y conversando de negocios.
—¿Ya se retira?—preguntó Rodrigo
—Sí, es un poco tarde y mis lecciones comienzan temprano.
—¿Qué lecciones toma?
—De piano, filosofía, escritura, voy recolectando pasiones.
—Sólo una mujer tan interesante podía enfrentarme a este dilema.
—¿Cuál dilema?
—Comportarme como un caballero y simplemente despedirme de usted o actuar como un apasionado y decirle que me ha perturbado con su existencia a tal punto que después de haberla conocido estoy seguro que no habrá pensamiento que no lleve su nombre.
—Ya veo... ¿Necesita ayuda para decidirse?
—Por favor...
—A veces la extrema caballerosidad aburre a las damas.
—Entonces a partir de ahora me declaro un apasionado no sólo de su belleza sino de cómo piensa, usted Esperanza moviliza almas.
*******
—¿Otra vez?—dijo Amelia al despertar y aún recordar su sueño.