Después de leer aquel diario Amelia sentía que necesitaba saber más, pero cada puerta que abría sentía que la alejaba de ella misma para acercarla a Esperanza, en el fondo sentía que dejaba de ser ella y dolía. Salió a caminar, a despejar la mente, a buscarse ella misma. Sin querer llegó a aquel abismo, le dolía el pecho como si aún cargara con aquella bala atorada...
—¡Es todo! Necesito un trago—se dijo así misma
Camino al hotel encontró un bar pintoresco, un tanto rústico para su estilo, pero definitivamente era lo que necesitaba.
—¿Qué hace aquí señorita?—preguntó Leandro, acercándose con una cerveza con un aire encantador
—¡Ah! Hola Leandro no te vi, yo sólo quería relajarme tomando algo
—Tomando todo—dijo bromeando, señalando las botellas vacías que había en su mesa
—Sólo esta es mía, esas... Ya estaban aquí—mintiendo
—¿Me miente doc?
—Pues sí, son todas mías, necesitaba mucha relajación—dijo totalmente desinhibida.
—Hay muchas maneras de relajarse
—Sólo tengo dos, beber algo o... Mmm todavía no bebo lo suficiente para contarle—ríe
—Entonces la acompaño hasta que pueda decírmelo, ya despertó mi curiosidad—con picardía
Entre trago y trago transcurrió la noche, una charla animada, juegos y finalmente una curiosa apuesta.
—Apostemos—dijo Leandro
—Te he ganado todas las rondas ¿de verdad quieres arriesgarte?
—Sí, quiero arriesgarme—acercándose a ella
—Bien, ¿qué quieres perder?
—Si mi dardo cae en el centro, me dice cuál es su otra forma de relajarse y la practicamos juntos.
—No creo que sea buena idea—titubeando
—¿Tiene miedo?
—¡Jamás!
Leandro lanzó su dardo sin mirar el blanco, concentrado en los ojos de Amelia, y logró clavarlo ¡justo en el centro!
—¡He sido timada!—respondió furiosa
—¿Acaso no cree en la suerte de un desahuciado?
—¡Pues no! Me voy al hotel, gracias, muy linda noche
—Espere, la llevo
En el camino no dijeron una palabra.
—Amelia, siento que haya tenido la sensación de que la engañé
—¿No fue lo que sucedió?
—Le juro que sólo fue suerte, siempre he jugado con mi primo y jamás he podido ganar
—¿De verdad?
—Se lo prometo
—Está bien
—Me puede decir entonces ¿cuál es su manera de relajarse?
—¡Oh Claro! Tengo sexo—respondió sin vueltas
—Interesante...
—Sí hace bastante que no me relajo—dijo pensativa
—Bueno, soy el dueño del hotel y me gustaría poder ofrecerle todo lo que desee—coqueteandole
—¿Quiere acostarse conmigo?—preguntó Amelia confundida
—Sí eso va a ayudar a que tenga una óptima experiencia con todo gusto...
Amelia iba a retirarse muy ofendida pero tenía dos cosas en contra, una, el alcohol había disminuido considerablemente su rasocinio y otra, Leandro no estaba nada mal. Ella simplemente quedó allí, y cuando fue a reaccionar Leandro la tomó por la cintura y la besó, ella se dejó llevar hasta tal punto que cuando quiso notarlo ya estaba en su habitación. Él la besaba, la tomaba con tantas ansias que ella claudicó en sus caricias, en su piel, retorcía su espalda de placer.