CAPÍTULO VEINTITRÉS Gwendolyn estaba parada frente al monstruo de hielo, paralizada de terror. Junto a ella, los otros estaban parados congelados, también, mirando atónitos a la bestia. Gwen estaba llena de miedo, y una parte de ella quería girar y correr, o por lo menos levantar sus manos y prepararse para un ataque. Pero otra parte de ella la obligaba a ser fuerte, mantenerse firme y luchar. Una pequeña parte de ella sabía que tenía la fuerza, y que tenía que ser fuerte, no sólo por ella, sino por los demás. No podía huir de sus miedos; podría morir frente a ellos, pero, al menos, moriría con honor. Después de todo, era hija de un rey, y tenía sangre de la realeza en sus venas. El monstruo bajó su brazo hacia ella, con sus cinco mandíbulas en los extremos de sus cinco dedos, abriendo

