Narra Brenda Los primeros rayos del sol acariciaban mi piel cuando desperté. Me encontraba en el sofá de la cabaña, con Alan durmiendo en la alfombra debajo de mí. Miré rápidamente mi celular: ¡eran las 7:30 am! Nunca había despertado tan tarde. Había olvidado avisarle a mi mamá que no estaría en casa. Tenía que irme, pero Alan seguía durmiendo. Se veía tan pacífico que no quería despertarlo, pero tenía que hacerlo. - Alan… Alan – lo llamé, moviéndolo suavemente. - ¿Qué pasa? - murmuró, aún medio dormido. - Tengo que irme a casa. Seguro me han llamado mil veces. – Revisé mi celular y me sorprendió no encontrar ninguna llamada perdida. – Algo debe estar mal. Mejor me voy. - Espera, tranquila – dijo Alan, sentándose -. Ayer tomé tu celular y le envié un mensaje a tu mamá haciéndome pasa

