—Casi la llamé porque creo que quería hablar con ella. Y te pido que no me preguntes por qué, porque no sé si quiero pensar en ello. No me gustan los estados de confusión ni que el corazón obstruya mis pensamientos racionales. Yo no debería querer saber nada de ella. —¿Quién dice eso? Pareció dudar antes de responder. —La situación es como para no plantearse otra salida. Si me abandonó es lógico que… —Deja la lógica para las matemáticas. Cuando hablamos de sentimientos y relaciones interpersonales no hay decisiones sensatas, todo depende de cómo te sientas. —¿Me estás preguntando cómo me siento? —Presionó los dedos contra el volante—. Porque creo que quedó claro cuando aparecí pidiéndote que te encargaras tú de Cherry’s. —Eso era un shock. No puedes comparar ese momento con cómo te

