Rodrigo se siente inquieto a medida que va pasando el tiempo, no sabe sí su mujer va o no a ir a la habitación, sí no lo hace el mensaje es claro y nada va a cambiar para bien, todo lo contrario solo traerá cambios negativos para ellos, como la inevitable separación así él siga sin querer el divorcio. El tiempo se pasa en una calma desesperante. Sus hijos parecen ser los únicos ajenos a todo lo que está sucediendo y él lo agradece, no sabe cómo dar explicaciones que ni él mismo se puede explicar antes de hablar con su esposa. Maria se queda pensando en las palabras de Rodrigo, está en un punto en el cual debe de actuar con cabeza fría, aceptar el reto es lo primero, Rodrigo es quien debe arrepentirse de haberla traicionado y no al revés. Con el corazón en un puño se decide a entrar en su

