He Regresado
Viktoria se quedó quieta frente al espejo sin pronunciar palabra. Miró su reflejo embobada extendiendo una mano hacia la fría superficie y cayó de rodillas temblando como una hoja.
¿Qué estaba pasando? ¿Eso era real? Cerró los ojos procesando la información con los recuerdos aún frescos en su memoria.
El rostro desesperado de Killian gritándole desde el puente, aferrado a la baranda de rocas, mientras se quitaba la chaqueta para saltar al agua....
Los temblores de su cuerpo se hicieron incontrolables y se inclinó afirmando la cabeza entre las manos. Dios la había escuchado y tenía otra oportunidad para ver a Killian otra vez y descubrir porque la había abandonado la noche de bodas y luego entender su última expresión. Era como si fuera otra persona.
Eso y ayudarlo a cumplir sus sueños....
Cuando eran niños, muchas veces hablaron de lo que querían lograr cuando fueran adultos y lo que Killian siempre le mencionaba era que quería hacer más por su territorio y su gente. No sólo trabajar para el rey como lo hacía su padre. Recordaba verlo estudiar con ahínco y responsabilidad a medida que crecía. El joven duque se fue interiorizando del funcionamiento del ducado, llevando el control de la finca y luego de todas propiedades a la edad de diecisiete años.
Admiraba su habilidad para detectar oportunidades de negocio y el cómo negociaba hábilmente con mercaderes y nobles, sin distinción, para lograr la mayor ganancia. El ducado tuvo su más alto auge cuando se convirtió en el duque de Dorset.
Viktoria respiró profundo varias veces hasta que pudo calmarse y se levantó temblorosa. No sabía exactamente qué estaba pasando, ni qué día era, pero por su aspecto y el de su habitación, debía estar de regreso uno o dos años desde su llegada al condado. La diferencia la haría una sola persona. Su madre.
Lady De La Cour, ahora condesa Edwards había muerto el invierno siguiente a la llegada a Inglaterra a causa de una neumonía, dejando a la pequeña Viktoria al cuidado del Conde, quien la ignoró y la maltrató.
Su madre siempre creyó que el conde la había adoptado como le prometió antes de casarse, pero tras la investigación de Killian sobre las malversaciones del Conde, descubrió que nunca la había inscrito en el registro familiar. Eso, le explicó Killian cuando se lo dijo a ella, la dejaba en una situación complicada y vulnerable si querían casarse ya que sus registros de nacimiento no contaban con información del padre y su madre era una plebeya.
Un matrimonio ducal con una mujer que no era una noble, no sólo sería rechazado por el Duque, si no también por el rey. Recordaba a Killian moviendo sus contactos y trabajando con su secretario Chaffer hasta altas horas de la noche para buscar una solución. Después de varios días de que se marchara sin mayor explicación, se presentó en su habitación mostrándole un acta de adopción de un vizconde francés cuya familia había caído después de la revolución. El joven le había explicado que el dinero que le había entregado le serviría para vivir varios años si lo administraba bien. Cuando Viktoria le preguntó por qué se había esforzado tanto, el pequeño duque sólo la besó, rodeándola con los brazos e inclinándola sobre los cojines de la glorieta del jardín trasero de la finca del duque, donde muchas veces pasaron las tardes leyendo, tomados de las manos, conversando o haciendo el amor.
Esos tiempos eran valiosos para ella...Como una joya preciosa.
- ¡Chérie! - escuchó la voz de su madre exclamar cuando la puerta se abrió de golpe.
- ¿Mamam? - preguntó incrédula cuando la mujer la abrazó preocupada, arrodillándose a su lado.
- ¿Estás bien, ma petite? - le preguntó revisando la temperatura de su frente con la palma de la mano - La fiebre ya bajó. Es un alivio.
La mujer la levantó guiándola a la cama con una mirada severa.
- No debiste jugar cerca del rio sin nadie que te acompañara - la regañó - Si no hubiese sido por el pequeño duque que estaba cerca paseando a caballo podrías haberte ahogado.
- ¿El pequeño duque? - repitió confundida.
- Oh, querida. - le dijo su madre abrazándola después de que se metió entre las cobijas - Debe haber sido aterrador como para que no te acordaras de lo que pasó. Cuando el joven maestro te trajo en el caballo, creí que iba a desmayarme.
- ¿Killian me trajo? - preguntó.
- ¿Killian? - le preguntó a su vez su madre curiosa - El pequeño duque me dijo que no se conocían, que fue una coincidencia que pasara cerca del rio que atraviesa la propiedad y el camino hacia ambos territorios en ese momento y te encontró.
Viktoria la miró con cuidado, consciente de que podía generar malentendidos y confusiones como este al no saber a ciencia cierta en qué año estaban.
- ¿Hace cuanto llegamos a la casa del Conde, mamam?
- Van a ser cuatro meses. Estamos entrando a la primavera... - le dijo con una sonrisa - Estuvimos en casa mientras el Conde viajó a Londres por negocios. No estamos acostumbradas al clima inglés y cómo el conde no ha podido presentarnos en sociedad, nos quedamos aquí.
- Mmmm...
- Es por eso por lo que me preocupé cuando no estabas en la mansión, las sirvientas no podían encontrarte por mucho que buscamos...
- El día estaba bonito. - le dijo mintiendo... No recordaba nada de esta vida. Nunca pasó esto antes; los recuerdos que tenía de su primer encuentro eran que conoció a Killian cuando se cayó de la barda de separación entre las propiedades y se lastimó la frente
- No vuelvas a hacer eso, Chérie. - pidió la madre - Puedes jugar afuera, pero debes informar dónde irás o ir con una sirvienta.
- Lo siento, mamam - le dijo abrazándola lo más fuerte que pudo con el cuerpo pequeño que tenía ahora, disfrutando su perfume y su calor. La había extrañado tanto desde que había muerto. Le había hecho tanta falta...
- Hey, ma petite... - dijo su madre extrañada por su actitud - No voy a regañarte. Sólo quiero que seas cuidadosa cuando salgas. Aún no conocemos el lugar...
- Milady - llamó una sirviente desde el dintel de la puerta - El joven Byron ha venido a preguntar por la señorita - ¿Debo decirle que ha despertado?
La mujer la miró sorprendida y luego a su hija.
- ¿Quieres saludar y dar las gracias al joven duque por haberte ayudado? - Viktoria la miró aferrando las manos nerviosa sobre su regazo. Acababa de regresar y no estaba segura de estar lista para verlo de nuevo, independiente de que fuera un niño...
Aunque también deseaba hacerlo. Lo había extrañado todo el tiempo que estuvo en Londres y quería ver si esos ojos como el mar aún tenían ese brillo que añoraba y no ese color apagado y dolorido cada vez que la veía antes de morir.
- Quiero agradecerle - le dijo con suavidad iluminando la cara de su madre.
- Lleva al joven duque a la sala de recepción, lleva algo de té y galletas para que disfrute mientras visto a Viktoria - ordenó.
- Lo haré, señora - le dijo inclinándose y cerrando la puerta tras ella mientras la condesa se levantaba a revisar el armario y elegir un vestido.
- Date prisa, Chérie. - le dijo emocionada sacándole el camisón por la cabeza - Podrás hacer un nuevo amigo. Me alegra tanto.
Viktoria se dejó hacer observando a su madre revolotear a su alrededor como una mariposa. Esa energía y alegría siempre le había gustado de su madre.
Trataría de que estuviera mucho tiempo a su lado...