—Es en serio, ¿no tienes? —parecía que la preocupada ahora era ella—. ¡Ash! Y yo ni traje. Será por atrás entonces, ya no aguanto. Te quiero dentro, ¡pero ya! ¿Había oído bien? ¿Estaba diciendo lo que creía? Su mano deslizó mi tranca hacia atrás y apuntó a su culo. ¿Era en serio? Sus pliegues recibieron la cabeza sin oponer mucha resistencia, era como meter el dedo en un pan para partirlo. Las paredes apretaban mucho al inicio, pero su recto cedió con facilidad conforme iba entrando más y más. —Tienes suerte. Justo me lavé en la mañana pensando que algo así podría pasar. —¿Tenías esto en mente? —pregunté mientras mi v***a iba a la mitad de su recorrido. —Algo, Sandra nunca me dijo que te gustara el anal, pero hay que estar preparada. —Ahora que lo dices. ¿Qué tanto te contó mamá? —¿Q

