Clío. "—¡Deja de seguirme Caleb! —Grito, al moreno le vale un pepino que alguien como yo trate de alejarlo, sigue caminando detrás de mí con rapidez. —¡Basta! ¡Enserio ya! Detengo el paso cuando lo veo resbalar de nuevo y lastimarse la pierna. No puedo permitir que le sucede algo malo por mi culpa, a él nunca. Bajo tan rápido que las hojas apenas y son capaces de moverse unos centímetros del suelo. —Permite que vea eso, —tiene una gran cortada en su pierna, supongo que fue culpa de alguna de esas rocas afiladas. Muerdo mi muñeca y permito que caiga sangre sobre la herida que inicia con la cicatrización con unas pocas gotas. —Eso te ayudará mucho, pero por favor, necesito que dejes de seguirme. —Suspiro. Los ojos color ámbar de Caleb me miran y sin decir una sola palabra, rosa nuestr

