Capítulo XXXV: El Rey de los mentirosos

1744 Palabras

Leonel no dijo nada, pero subió a la alcoba, cuando entró, cerró la puerta dando un fuerte portazo, que hizo que Savannah se asustara y mirara confusa, pero Leonel no reparó en ella, caminó a los cajones del tocador, abrió uno tras otro —¿Qué buscas? —exclamó Savannah levantándose ante él Fue en ese momento que él sacó de un cajón esa bolsa de plástico con esas hierbas —¿Desde cuándo supiste de tu embarazo? ¿Por qué no me lo dijiste? Ella titubeó, sintió un miedo atroz, negó —Leonel… —¿Lo sabias antes, o no? Ella asintió, y Leonel la sujetó del brazo con una fuerza terrible, y la puso contra la pared —¡Eres una falsa, Savannah! —¡No! —Lo sabías y por eso abortaste —dijo mostrándole esas hierbas —¡¿Qué dices?! ¡No! Yo… eso fue un accidente, lo dijo el doctor. —¡No! ¡No mientas

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