Brisa: —Bri... —me empujan levemente—. Bri... Pego un pequeño saltito y me reincorporo en mi lugar. —¿Qué? —digo, mirando para todos lados. Hago una mueca de dolor y me toco el cuello. —Te quedaste dormida en el escritorio. Me froto los ojos y le observo bien. —¿Me quedé dormida en el escritorio? —pregunto, pero la inquisición es más para mí que para él—. Ah... —asiento, y vuelvo a hacer una mueca por el dolor en mi cuello. Estoy contracturada—. Me quedé dormida escribiendo la carta. —Sí... Acabo de despertarme y te vi aquí... No sabía que te habías despertado. —Sí... Es que necesitaba escribirle algo para el entierro —confieso—. ¿Qué hora es? Se acerca al reloj de la mesita de luz, lo toma, lo vuelve a dejar en su lugar, y después me mira. —Seis treinta. Asiento, aún algo

