Brisa: —No me agarres así —le digo, y me zafo de su agarre. Como es de costumbre, metí la pata una vez más. Gastón ahora se encuentra frente a mí, al tanto de mi mentira y con expresión de molestia en su rostro. ¿Pero qué puedo hacer? ¿Quejarme? No. Yo me la busqué y ahora es momento de que enfrente a mi novio por lo que dije e hice. —Ya sabes qué estaba haciendo ahí, Gastón. Tenía que verle y si te decía la verdad no me ibas a dejar ir. —Claro que sí te iba a dejar verle —contradice. —Claro que no. —Creo que a veces deberías preguntar, Brisa, y no sacar tus propias conclusiones porque que tú pienses y creas algo no significa que sea vedad. Si me decías que querías verlo, sin importar que me disgustara la idea iba a dejar que hablaras con él, pero obviamente, estando yo p

