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2326 Palabras

Brisa: —Y... ¿Cómo te sientes? —pregunto, sintiéndome muy estúpida al hacerlo. Es obvio que no está bien. Pero tengo esta parte intuitiva que me dice que a él le viene bien que se lo pregunte. Es una manera para que se sienta apoyado, para que vea que me preocupo por sus sentimientos. Antes de que me acercara a él, su mirada estaba clavada en el suelo, inmerso en sus pensamientos. Las manos de la paramédica sostenían una gaza que limpiaba el rostro golpeado de Gastón. Él no hacía ninguna queja de molestia, y eso que cuando yo limpiaba sus heridas en ocasiones pasadas, se quejaba con gruñidos o con muecas. Pero ahora no hay nada en su rostro. Sólo neutralidad. Y lo comprendo. ¿Tenía que pasar esto? ¿De verdad? Me siento inútil porque, cuando lleguemos al edificio no podré consolarlo de

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