Domingo —¡Virgencita!, ¿qué voy a hacer? No puedo acostarme con un hombre para luego sentir culpa por ello —me digo en voz baja, ya que estoy en la iglesia. Después de hablar con John en la madrugada, después de escuchar su voz, después de que me dijera “te extraño”, ahora me siento en un dilema, como si anoche le hubiese sido infiel. ¡Qué locura! Mi jefe y yo no tenemos ningún tipo de relación amorosa, no debería sentirme culpable por tener sexo con Bernard, y ahí está la otra parte; estoy sobre pensando todo lo que pasó anoche, de cómo empezó y cómo terminó, y aún no entiendo cómo me dejé llevar del momento. —Como siga pensando en todo esto, quedará loca —digo. Veo cómo la señora Milagros, la que solo quiere estar de chismosa en la cuadra, se acerca. —Pequeña Dahlia, qué gusto ver

