Capítulo 3. Hora de marcharse.

1306 Palabras
Arenth llegó a la posada en la que se estaba quedando, insertó la llave en la cerradura y recordó a la muchacha atolondrada que salvó antes de la reunión. «Estará muerta de hambre» pensó, recordando que él tampoco había comido en todo el día, al abrir la puerta el viento nocturno le golpeó el rostro. La habitación estaba vacía, la muchacha que olía a bosque nocturno se había marchado y por lo que parecía se había lanzado por la ventana. Encontró la nota sobre su cama, se estiró y se recostó, lo mejor sería buscarla en la mañana, según sus documentos trabajaba en los baños de un tal señor Dunyers, iría a verla ahí. .... Lyricka finalmente estaba de regreso en el pequeño cuarto que había alquilado, al parecer le había salvado la vida al señor Dunyers al no asistir ese día a la hora adecuada. El señor Dunyers era amigo muy cercano de la señorita Lawser, el lugar en el que habían quedado en encontrarse había sido el escenario de algunos líos de faldas, todos en el sector habían sido arrestados y hubo algunos heridos de gravedad. El señor Dunyers estuvo tan aliviado de encontrarse libre de todo ese alboroto que decidió darle la cena a Maldea, ese era el nombre que Lyricka estaba usando en esa ocasión, Maldea Muddens hija de los difuntos Molk Muddens y su esposa Middy Muddens; cuando Arenth leyó los nombres no pudo evitar echarse a reír. Lyricka cenó doble aquella tarde, la noticia de su casi atropellamiento y del guapo hombre misterioso que la salvo se extendió como fuego por la casa de baños, y las doncellas no perdieron oportunidad de buscarla en las calderas para oír de sus propios labios todo lo que podía decirles del misterioso hombre. Lyricka al principio intentó decirles que en realidad no lo había visto, pero las doncellas eran muy insistentes, curiosas y enamoradizas como para creerle, además que llevaban comida a hurtadillas para amenizar el chisme. Pronto Lyricka se encontró describiendo a un hombre imaginario, con cada visita el relato se volvía más fantasioso y exagerado, a ellas no parecía importarles que al comienzo del relato el hombre fuera rubio de ojos azules y terminara siendo un hombre enmascarado y calvo, ellas chillaban de emoción y se colocaban en el lugar de Maldea para fantasear un poco. Lyricka guardó la comida que le había sobrado para el día siguiente, esa tarde mientras regresaba a su cuarto, notó el olor a lobo en su ropa, no estaba segura de cuando estuvo en contacto con un lycan, pudo ser entre la multitud de la mañana o tal vez fuera el hombre que la salvó, lo único que sabía era que debía marcharse de la ciudad. No había reunido lo suficiente, y con la media paga de aquel día, le tocaría hacer la mitad del trayecto a su próximo destino a pie, su mala suerte le había alcanzado demasiado pronto está vez. Lyricka no permanecía nunca más de un mes en el mismo lugar, no podía, no desde que tuvo que abandonar el orfanato después de cumplir los quince años, aún recordaba el incidente. De todos los niños del orfanato ella no fue adoptada, ni llevada como servidumbre de algún noble, el rector del orfanato era un hombre amable, había conseguido que le dieran un empleo de limpieza en el pueblo y a cambio de ayudar con los quehaceres en el orfanato le permitió quedarse. Durante dos años su vida fue así, cuando cumplió quince años, todo empezó a cambiar, su oído se volvió más fino, su olfato se agudizó, ella bromeaba diciendo que se volvería un lycan y protegería el orfanato, cosa que nunca pasó. Un mes después los lobos llegaron, no eran lycans, eran lobos reales, con colmillos y garras reales, todos saben que los lycans, vampiros y todas esas criaturas mágicas no son reales, tal vez lo fueron hace cientos de años, pero ahora son solo un cuento para niños chiquitos. Los lobos empezaron a causar estragos, se comían a los borregos y las gallinas, uno de los granjeros había matado a un lobo que se había colado en su casa una noche. La matrona del orfanato era una señora muy dura y testaruda, ella les enseñaba a leer y escribir, las leyes y modales, la historia y las buenas costumbres. Una noche particularmente ventosa, Lyricka notó que el viento traía el olor de los lobos hacia el orfanato, ella es ciega durante la noche, siempre ha sido así, en cuanto la luna sale el mundo desaparece para ella. Logró salir de su habitación y gracias al tiempo y la costumbre logró llegar al comedor, se disponía a golpear a la puerta cuando escuchó la conversación que se daba a puerta cerrada. Matrona: - No es normal, los lobos nunca habían venido, jamás. Rector: - Es verdad, pero echarle la culpa a la muchacha, me parece demasiado. Doctor: - No tengo como probar que sea obra de la muchacha, pero sus sentidos sí han mejorado. Rector: - Eso no prueba nada, no pueden dejar que una vieja leyenda la señale como culpable de lo que pasa en el pueblo. Matrona: - Los lobos vienen por la muchacha, está maldita, nadie nunca la quiso, sus ojos se vuelven inútiles solo en la noche y ahora bromea con ser un lycan y los lobos vienen, está maldita. Lyricka no escuchó el resto, en cuanto amaneció escapó del orfanato y del pueblo y nunca más volvió, desde entonces descubrió que sin importar a dónde fuera, tarde o temprano los lobos empezarían a reunirse. Con el tiempo aprendió a reconocer las señales y marcharse, era la primera vez que se encontraba con un lobo tan pronto, apenas llevaba en la ciudad una semana. Necesitaba reunir todo su dinero y ver que tan lejos lograba llegar, retiró una teja suelta que le servía de escondite y se puso a rebuscar en su bolso. Las monedas de cobre de su bolso cayeron y se unieron a las monedas de la mesa, con una última sacudida una moneda de plata se unió a las demás. Lyricka abrió los ojos con asombro, le tomaba casi un mes reunir para una moneda de plata, la tomó para verla de cerca y entonces lo olió, la moneda olía a lobo, empezó a reír, sin la moneda le hubiera sido difícil escapar de los lycans y los lobos, pero ahora uno de ellos le daba los medios para huir lejos. Guardó todo rápidamente, los últimos rayos del sol empezaron a desaparecer, cerró la ventana y se metió en la cama, sobre la cobija colocó flores secas de coleus, su color azul fuerte parecía brillar en la noche. Junto al primer rayo de sol, Lyricka abandonaba su cuarto, escribió una nota disculpándose con el señor Dunyers por no ir más al trabajo y la coló bajo la puerta de la casa de baños. Dos horas después Arenth entraba en la casa de baños del señor Dunyers para descubrir que la muchacha que olía a bosque nocturno se había marchado y nadie sabía a dónde. Arenth Lichtz sonrió para sus adentros, la muchacha habrá escapado ahora, pero él conocía todos sus nombres y sus lugares de trabajo, solo sería cuestión de tiempo y la encontraría de nuevo. - Parece que la luna camina entre nosotros. Murmuró mientras se alejaba, tomaría el tren en la estación central, la reunión de ésta vez resultó ser más fructífera de lo que él esperaba. A varios kilómetros de ahí, Qamar se acomodaba bajo un árbol para dormir, había corrido en su forma de lobo toda la noche, aunque no tenía prisa de volver al clan Hariva, su padre y sus medios hermanos se molestarían si llegaba más tarde lo necesario, dormiría en aquel lugar y se marcharía al anochecer.
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