La tensión del incidente en el bufete de abogados, todavía se podía sentir en el ambiente, aunque había pasado un día desde el hecho y la policía inició de inmediato un operativo de cacería para encontrar al individuo, para Ana, aquello no era suficiente, ella estaba enojada con la ineptitud del jefe policial a cargo de las investigaciones del incendio en su departamento porque de haber investigado como deberían haberlo hecho, el incidente en el bufete se hubiera evitado.
De acuerdo a las pruebas que Mark les entregó en ese sobre sellado, el hombre que intentó matarla esa mañana en el trabajo, tuvo que ver con el incendio en su departamento. Las evidencias mostraban a un extraño encapuchado que había entrado segundos antes del incendio en el complejo habitacional, y luego, se desató la furia del fuego. El hombre tenía el mismo perfil del intruso que irrumpió en el bufete.
—No es posible que un civil nos haya ayudado más que quienes supuestamente deberían protegernos— dijo Ana reunida con Matías en su despacho, mientras discutían al mismo tiempo los últimos detalles del caso en el que estaban trabajando.
—Nunca pensé que tendríamos que lidiar con algo así, yo estoy aterrada—comentó Ana, mirando a Matías con preocupación.
—Tranquila, lo importante es que ahora estamos tomando medidas para garantizar la seguridad tuya y la de todos, si esto tiene que ver con el caso de Ricardo, lo averiguaremos —respondió Matías, con determinación en su voz— No voy a permitir que algo así vuelva a suceder
Mientras hablaban, la secretaria de Matías llamó a la puerta y entró en la habitación.
—Disculpen la interrupción, señor Matías, señorita Ana. Tenemos al equipo de seguridad aquí para revisar las cámaras y reforzar las medidas de seguridad como usted ordenó—informó la secretaria.
Matías asintió y se levantó de su silla.
—Perfecto, hágalos pasar, por favor —dijo con calma.
Ana observó cómo Matías se movía con confianza por la habitación, impresionada por su determinación para proteger a su equipo y a ella misma. A pesar de todas las dudas que había tenido anteriormente, Ana comenzaba a ver a Matías bajo una nueva luz, admirando su lado protector y liderazgo, lo que a ella la enamoró de él cuando empezaron a tratarse, además, consideró que si Matías hubiese estado involucrado como ella pensaba, no hubiera cedido a recibir a Mark con las evidencias.
Después de que el equipo de seguridad realizara una exhaustiva revisión de las instalaciones, Ana y Matías volvieron a charlar sobre los hechos, Las fotos del individuo encapuchado resonaron en la mente de Ana, recordándole el miedo que había sentido cuando el hombre había apuntado el arma hacia ella.
—Espero que esto ayude a la policía a encontrar al responsable —comentó Ana.
Matías asintió, colocando una mano reconfortante sobre la de Ana.
—Lo harán, estoy seguro. Y mientras tanto, nosotros nos enfocaremos en seguir adelante con lo nuestro —dijo, mirando a Ana con una mezcla de determinación y ternura.
Ana se sintió reconfortada por las palabras y el gesto de Matías, sintiendo una renovada confianza en su relación y en su capacidad para superar cualquier desafío juntos.
Aunque no había sido su plan inicial, el día del incidente en el bufete, Mark tuvo que revelarle a la policía de donde había sacado aquellas pruebas, porque, sin duda, el agente encargado en el caso, había puesto el ojo sobre él alegando que su historia no encajaba, lo mismo había pensado Matías aunque se guardó el comentario, por suerte, Mark quedó liberado de toda sospecha pudiendo probar su coartada, pero Matías, decidió tramar un plan para conocer a fondo al joven héroe que se estaba acercando demasiado a él y su chica.
Entre tanto seguían en la oficina, Matías se acercó a Ana con determinación en los ojos. Tomó suavemente su mano y la miró con ternura.
—Recuerda lo que te prometí, Ana —dijo Matías con voz suave pero firme—. Jamás permitiré que algo malo te pase. Te protegeré siempre.
El corazón de la mujer se aceleró ante sus palabras, sintiendo una mezcla de gratitud y amor renovado por Matías. Sin decir una palabra, se acercaron lentamente el uno al otro, sus labios casi rozándose en un gesto cargado de emoción y complicidad.
Finalmente, se fundieron en un beso apasionado, sellando el nuevo compromiso, vivir juntos representaba un desafío para ambos. Matías, nunca antes había considerado el compromiso amoroso como una prioridad, era de público conocimiento que a lo largo de sus años, el hombre había tenido numerosas relaciones, pero ninguna tan formal como la que estaba compartiendo con Ana, pero aquello tenía una razón de ser que Ana no estaba viendo, razones muy ligadas a los objetivos ambiciosos de Matías.
—¿Cuál es la sorpresa que tienes para mí? —preguntó Ana, ansiosa por descubrir lo que Matías había planeado.
Matías le sonrió con complicidad y la abrazó, anunciándole que había organizado con alguien para que sea su guardaespaldas como ella había solicitado.
—Hoy tendré una reunión con alguien que será tu chófer y guardaespaldas personal —dijo, deslizando suavemente sus dedos por la mejilla de Ana—. Todo está arreglado y estoy seguro de que te agradará.
Intrigada por la sorpresa, Ana quiso preguntar a Matías quién era el misterioso guardaespaldas, pero decidió no hacerlo, reconociendo el gesto amable de Matías hacia ella.
—Las sorpresas aún no han terminado —dijo Matías, alejándose hasta su escritorio y sacando una carpeta de un cajón—. ¿Qué es esto? —preguntó Ana.
—Esto, mi querida dama, son los papeles de tu nuevo departamento, tal como lo deseabas —anunció, y Ana no pudo contener su emoción, rodeando el cuello de Matías con las manos y arrebatando los papeles.
—¡Pero necesitas firmar hoy mismo si quieres ir a verlo! —advirtió Matías. Ana, emocionada, no dudó en firmar los papeles, confiando plenamente en él.
—Aunque esto me pone muy triste —agregó Matías.
—¿Y eso por qué? —preguntó Ana, preocupada.
—Significa que te irás en cualquier momento —dijo, buscando despertar la compasión de Ana.
—Bueno, déjame decirte que no será así. Puedo alquilar el departamento y quedarme contigo. Además, siempre tendré un lugar adonde ir cuando te llegue la crisis de los 50 —respondió Ana, bromeando. Matías la corrió por la oficina, la acercó a él y la besó—. Eres un pillo.