- Eso espero, porque esto de no poder darte un beso como es debido, es una mierda – murmuró, pegando su frente a la mía con vehemencia -. ¿No se da cuenta de que lo que está haciendo es contraproducente? Lo único que está consiguiendo es que te desee cada día más. - Calla, o no me levantará el castigo en la vida – bisbiseé. - Es que no te imaginas lo mucho que me cuesta – susurró, mientras empezaba a besarme con brío -. Me vuelves loco, Ali… - Eli… - suspiré entre los besos, llevando mi mano a su nuca para acercarle más a mí. El repiqueteo en el cristal no se hizo esperar nada. Papá nos sonreía con malicia debajo de la capucha de su sudadera. Eliot bajó su ventanilla a regañadientes. - ¿Qué te pasa ahora? – protestó con cara de malas pulgas. - Alexandria tiene que entrar en clase, y

