- Es que se me ha pegado algo de México – se excusó, dándole otro enorme mordisco a su perrito. - Dios, mejor se te hubieran pegado algunos modales a la mesa – masculló Eliot con cara de asco -. Te estoy viendo hasta las amígdalas. Raúl abrió más la boca, enseñándole lo que había masticado. - Eres un cerdo, tío – se rió mi novio con la misma cara. - ¡Raúl! – volvió a regañarle Rachel, pegándole un manotazo en el brazo -. ¡Y tú Eliot, deja de pincharle! ¡Siempre estáis igual, parecéis críos! Eli se carcajeó y cogió una cerveza sin alcohol del bidón con hielo en el que estaban. - ¿Quieres, cielito? – me ofreció, burlándose de Raúl. - ¡Eliot! – le riñó su hermana. - Vale, vale – se rindió sin dejar de reírse, después se aclaró la voz y se dirigió a mí -. En serio, ¿quieres una o prefi

