Marcaban las diez de la mañana y parecía que su cuerpo aún estaba en la zona horaria de Daegu, no quería levantarse, las pocas ganas de hacerlo era más fuerte que otra cosa. Se encontraba de boca abajo con sus ojos cerrados y su respiración tranquila, hasta que sintió unas leves caricias en su espalda, abrió sus ojos gatunos dando vuelta hacia el lado derecho de la cama topándose con unos hermosos y apagados ojos cafés, no pudo evitar sonreír. — Hola.- Le dijo ella pasando sus dedos por el cabello blanco del contrario. — Hola.- Musitó él con un bostezo. Se acercó más a ella hasta quedar su cabeza apoyada en su pecho. - No me quiero levantar. — Deberías de hacerlo.- Escuchó un gruñido parecido a un gato en negación por parte del pelinieve.- Ya es tarde. — Eso no me interesa. Tengo sueñ

