Las líneas que se hacían, bajaban con lentitud por toda la imagen. Esas líneas dejaban perforación al bajar, aquella línea que se hacía cuando algo en cerámica comienza a quebrar. Así es, la imagen crucificada de Jesús, quebraba. Pero aún más su rostro se tornó oscuro y sus ojos, aquellos ojos cerrados, dejaron de estarlo. Miraba hacia el frente, estaban abiertos sin pestañeo alguno. Su cabeza dejó de estar a un lado hacia abajo a estar derecho. La sangre alrededor de su rostro, comenzó a derramar gotas al suelo. Esa mirada, aquella mirada oscura, completamente oscura. Y en sus labios se formó una curva sonriente en maldad. Todos miraron aquello con temor, esto era algo que nunca antes había pasado. La cabeza de la imagen comenzó a moverse frenéticamente hasta solo explotar. La mayo

