Te lo prometo… Sus brazos extendidos en el espaldar del sofá, su mirada café fija en el fuego que no desvanecía de la chimenea. Ese fuego, aquel fuego tan ardiente de la chimenea le traía recuerdos. Lo alto de su arder. Sus colores. Aquel azul gélido combinado con el rojo, era tan idéntico a ese fuego. Al fuego del mismísimo infierno. Al infierno que hace mucho no entra, no sabe nada. No tiene idea de qué sucederá allá abajo. O tal vez sí. Una fiesta en regodeo de la mujer al cual le dice malnacida, celebrando el acto que hizo. Estúpido cuya imagen idiota para hacer maldad, es una águila sin gracia alguna. Respiró profundo y soltó aire cerrando sus ojos hasta volverlos a abrir minutos después. De nada le serviría enojarse ahora. No hay alcohol para calmarse ahora y tampoco ten

