Sus ojos oscuros como la más temible noche, se clavaron en él causándole la peor sensación de espanto. Parecían púas traspasarlo por los ojos contrarios. La voz ronca, hostil de la mujer quedaba a la perfección con su aura oscura, fría. Pareciera que su cuerpo se bloqueara y no reaccionara, que solo ante el miedo solo estuviese paralizado.
Las palabras dichas por la mujer se repetían como disco rayado en su cerebro, procesando, tratando de no entrar en pánico. No entendía por qué Rebekah no gritaba solo se mantenía inmóvil.
Escuchó el llamado de su padre, era hora de irse. Sus pisadas se escuchaban al acercarse. El ruido de los escombros, lo avisaba.
— Nadie tendrá mí diario. - Le recalcó cada palabra antes de solo desaparecer con rapidez.
Elijah miraba a un punto sin fijo de aquel cementerio. Sintió a alguien frente a él que le daba palmadas en sus mejillas, escuchando como le llamaba, pero era como un susurro para él.
— Elijah, hijo.- Era su padre. Lo miró al fin pestañeando. -¿ Qué te pasa? Estás pálido. Camina,Rebekah está en el auto.- Lo tomó de la mano prácticamente arrastrándolo, parecía que sus pies no tenían fuerza. - Bien.- Dijo estando dentro del auto tomando camino.- ¿Qué te pasa?- Le volvió a preguntar a su hijo el cual, solo tenía la mirada perdida.- Orleans… ¿Qué...?
— La ví.- Artículo y su padre le miró fruncido. - Vi a Melia.
-¿ Qué?- Le preguntó activando el parabrisas, llovía con fuerza. - Déjate de tonterías, quién sabe qué viste qué estás frío. Rebekah.... ¿Qué? Oh, escucha música. - Dijo al verle por el retrovisor. Pero le notaba ida, inquieta al igual que a su hijo. ¿ Qué habían visto que los tenía al parecer asustados? Se preguntaba. Pero, no daría punto a lo que le dijo su hijo. Habla de una persona de más de dos mil años. Era absurdo aquello. - Demonios.- Musitó limpiando con un pequeño paño el vidrio del auto, se humedecía y no dejaba ver. La lluvia aumentaba y Josh solo bajaba la velocidad, recordaba lo que le dijo su amada esposa: Mantener baja velocidad entre carriles. - Ya casi llegamos. - Avisó notando a su hijo anotar con rapidez en su libreta. - ¿Qué escribes?
— ... Su mirada era como las más finas púas, su tono de voz era hostil, oscuro, al parecer maliciosa. - Leía. - Tenía la fuerza de tres grandes hombres juntos al reunirse para golpear a alguien. - Notó sus manos temblar, cerró abruptamente su libreta aferrado más en su asiento. - Padre, tienes que creerme.
— ¿ Lo que leíste, es lo qué viste? O,¿solo fueron frases tuyas?
— Lo que vi.- Le respondió y Josh viró los ojos soltando un suspiro. - Lo juro.
— Escucha, Elijah déjate de tonterías, ¿bien?- Pidió con tono serio.- Estás tan metido en ese tema que ya hasta crees ver a alguien que ya está muerto.
— ¡ No lo está! - Bramó.- Pregúntale a Rebekah, ella la vio, como yo.
— No le voy a preguntar nada. Y digo esto y no lo digo más, este tema de esa mujer , se acabó.
Elijah hizo una rabieta que causó que su padre le regañase y comenzará una discusión. Estaba harto de esto, nunca pensó que su hijo estuviera tan obsesionado con aquel tema.
— ¡ Bueno ya!- Bramó de repente Rebekah.- Cállense, estamos en carretera. Cierren la boca. - Pidió con brusquedad volviendo a refundirse en su música. Josh y Elijah se miraron con las mandíbulas tensas.
Esto su padre se las cobraría.
Largo recorrido, faltaba bastante para llegar a casa. Josh con la mirada fija en la carretera notó como de repente el auto dio un brinco como si hubiera pisado a alguien. Vociferó y se estacionó a un lado de la carretera.
— Esperen aquí.- Pidió antes de salir entre la lluvia. Cerró la compuerta.
Dentro del auto estaba inquieto Elijah, no veía a su padre y Rebekah igual.
— ¿ Le dijiste?- Le Preguntó y él asintió. - ¿Te creyó?
— No.- Respondió.- Y tú qué no colaboras.- Intentaba ver por la ventana lo que pudiese. -Como sea. - Dijo abriendo la puerta y entre la lluvia, salió.
Rebekah igual junto a Elijah, notaron a su padre en cuclillas cambiando una de las llantas.
— Nunca me haces caso. – Dijo Josh al ver a Elijah pasarle una de las herramientas. - No sé cómo se dañó así la llanta. Parece que un animal le hubiera metido las garras a profundidad. - Rió levemente. - Tonterías. - Se irguió junto a su hijo sacando su celular y llamando a la grúa para que viniese. - Ya vienen. - Al colgar avisó.- En diez o cinco minutos.
Entraron los tres al auto, esperando a que llegaran. Josh llamó a su esposa para avisarle que llegaría un poco tarde y allí, simplemente se sumieron en el silencio.
Bajo la lluvia….