El feriado coincide con el día libre de Eliana, por lo que Olena no llegará para cuidar de Sebastián, y yo no me iré hasta después de almorzar, ya que hoy sí trabajo, por lo que, al despertar, retomamos la conversación que dejamos pendiente. Eliana se muestra entusiasta por la idea de ganar dinero haciendo lo que le gusta y porque está sintiendo el respaldo que le doy, ya que no solo la ayudaré a vender los postres, sino que asumiré los gastos familiares hasta que los ingresos que ella consiga sean constantes para ser tomados en cuenta. Cuando ella está haciendo un listado de los ingredientes que necesita para hacer una primera tanda de degustación a la que invitaremos a nuestros amigos, Olena llama para preguntar si ya tenemos planeado el almuerzo de hoy, cosa que Eliana niega, y la rubia se ofrece a traer comida para almorzar los cinco, ya que también Pablo se suma al ser su día libre. Es durante el almuerzo que Eliana comenta mi propuesta de mudarse conmigo, y la tristeza en la cara de Olena es evidente.
- ¿Ya te habías acostumbrado a cuidar de Sebastián a diario? –pregunta Pablo al notar cabizbaja a Olena.
- La verdad que sí –dice la rubia, y un profundo suspiro se escucha cuando termina de hablar—. Sin embargo, que mi tristeza no te detenga, amiga –sonríe Olena mientras clava sus grises orbes sobre Eliana, cuyos ojos brillan por las lágrimas que empiezan a acumularse—. A veces los cambios en la vida nos asustan o nos ponen triste, pero no seríamos humanos si no estuviéramos sometidos al cambio. Y yo sé mucho de ello porque en mi vida varias veces debí empezar de nuevo, mudarme a otro país, aprender un idioma diferente, trabajar en algo distinto. No temas ni te preocupes, que Dios no te llevará a dónde no debes ir, ni pondrá personas en tu camino que no sean buenas para ti y Sebastián.
Eliana deja su silla para abrazar a Olena. Ella necesitaba que alguien le diga que hace bien en aceptar mi propuesta, que lo que viene es parte de vivir, que no importa si es difícil porque no estará sola, en mala compañía o en peligro. Pablo me mira, sonríe y me dice: «Bien, muchacho» mientras sirve un poco de vino en mi vaso y me invita a decir «salud». Eliana empieza a contar la idea que tenemos, que ella deje de trabajar para que se dedique a Sebastián y a su emprendimiento de repostería. Olena aplaude que impulse en Eliana las ganas de salir adelante, pero acomodándose a la necesidad de cuidar de Sebastián al quedarse en casa. Pablo se ofrece a ayudarnos con la mudanza, ya que su cuñado tiene un pequeño camión —de los que se conocen como minitruck—, y puede pedirlo prestado por unas horas, ya que por las pocas cosas que moveríamos del apartamento de Eliana hacia el mío, solo necesitaríamos hacer un viaje.
Al tener la respuesta afirmativa de la señora Matilde sobre la mudanza de Eliana y Sebastián y firmar el nuevo contrato con el aumento del precio de renta porque seríamos tres inquilinos, Eliana presenta su renuncia ante el chef. Todos en el Área de Cocina del hotel demuestran su tristeza porque ella los deja. Se habían encariñado con la presencia de la joven muchacha que siempre estaba dispuesta a ayudar en lo que sea, aunque de vez en cuando se demoraba mucho cuando iba al baño, de lo cual soy completamente culpable. El chef le pide que se quede una semana más laborando, tiempo que le tomará a Recursos Humanos encontrar su reemplazo, cosa que Eliana acepta, y por no poner peros al requerimiento de quien fue su jefe por los últimos meses, este le ofrece preparar una carta de recomendación, la cual ella no necesita, ya que no piensa buscar trabajo, sino generar su propio emprendimiento, pero igual acepta agradecida.
Antes de que Eliana y Sebastián se muden conmigo, compro una cocina y un horno, así como pido que se active la conexión del gas a mi apartamento, la cual estaba cerrada porque solo usaba una pequeña hornilla eléctrica para hervir agua y tomar alguna que otra bebida caliente, ya que normalmente tomo los alimentos en el hotel o en la universidad. Al vivir solo, no había generado la costumbre de cocinar mis propios alimentos, sino que los compraba hechos, ya que no quería perder tiempo en esas labores; solo me ocupaba en limpiar el apartamento, algo en lo que siempre he sido muy meticuloso porque no me gusta ver polvo sobre los muebles o dejar el piso mojado del baño.
Como habíamos acordado que al día siguiente de la última jornada laboral de Eliana en el hotel haríamos la mudanza, voy a la universidad sin tener la cabeza puesta en el estudio, sino pensando en que debí faltar a clases para ayudarla a empacar. Por mensaje que envío a Eliana, expreso mi intención de saltarme la mañana de universidad, indicando que iré a tomar el metro para dirigirme a ayudarla con la preparación de la mudanza, pero la respuesta que Olena me envía me tranquiliza, ya que ella llegó temprano, como siempre lo hacía, para ayudarla a tener todo listo antes del mediodía, hora que acordamos que Pablo llegaría con el minitruck para hacer la mudanza. Son las 11:00 am cuando el timbre de fin de clases se escucha, y yo salgo corriendo para tomar un taxi e ir por última vez al apartamento donde Eliana y Sebastián han vivido bajo el amparo de los hermanos Shevchenko, pero la llamada de Pablo me detiene a tiempo, ya que mi amigo se encontraba fuera del campus universitario esperándome con el vehículo que pidió prestado para ir juntos a iniciar la mudanza.
Eliana y Olena ya habían puesto todo lo que se iba a trasladar en cajas, que no eran muchas. Los muebles y artefactos eléctricos en ese pequeño apartamento no eran de Eliana, ya que cuando Aleksandr dispuso que ella viviría ahí, Olena se encargó de amoblar la vivienda, ya que sabía que Eliana solo cargaba con una pequeña maleta. Tras subir las cajas al vehículo, empezamos a imaginarnos cómo viajaríamos los cuatro adultos y un bebé en la pequeña cabina del minitruck, pero el sonido de la bocina de una lujosa camioneta nos distrae. Aleksandr y Sasha también querían participar de la mudanza, por lo que llegaron para escoltar al pequeño camión. Olena corre hacia el auto de su hermano, y metiéndose por la ventana del piloto le da un beso en la mejilla, cosa que hace que Aleksandr proteste mientras trata de ocultar una sonrisa porque el gesto de su hermana menor le causa mucha ternura, pero él quiere aparentar fastidio, cosa que no le sale tan bien, por lo que Sasha ríe a carcajadas ante el intento fallido de su esposo por mostrarse rudo e indiferente hacia el amor que Olena tiene para él.
El gigante ucraniano nos invita a Eliana y a mí a ir en la camioneta, ya que es peligroso que vayamos apretados en la cabina del pequeño camión, sin que Sebastián vaya apropiadamente sentado en una silla para un bebé. Aleksandr y Sasha tienen dos hijos, siendo el último un niño de tres años, por lo que la silla que usa cada vez que sus padres lo trasladan en esa camioneta queda perfecta para Sebastián al regular los cinturones de seguridad. Cuando ya todos estamos acomodados en la camioneta y Olena sube al minitruck, partimos hacia mi apartamento, donde Eliana, Sebastián y yo empezaremos a convivir como familia, comenzando una nueva vida para los tres, una en la que nunca más estaremos solos, sintiéndonos tristes y desprotegidos.
La ayuda de Aleksandr hace que subir las cajas al tercer piso del edificio, donde se ubica el apartamento, sea más rápido, por lo que no nos toma ni media hora acomodar las cajas en las dos habitaciones que son dormitorios. Como es la primera vez de nuestros amigos ucranianos en el apartamento, les hago un breve recorrido porque el espacio es pequeño, gustándole a Olena y a Sasha porque la distribución, vista y locación de este es mejor que aquel donde hasta hace una hora vivieron Eliana y Sebastián.
- Pero ¿dónde dormirá mi pequeño amigo? -pregunta Aleksandr frunciendo el ceño.
- Por el momento Eliana y Sebastián dormirán en la que hasta ahora solo fue mi cama y yo lo haré en el sofá -digo sonriente por la alegría de empezar una vida en familia, pero el sonrojo de Eliana, la mirada pícara de Pablo y la desaprobación en el rostro de Olena hace que Sasha empiece a reír a carcajadas. Todos me han malentendido—. ¡No es lo que ustedes piensan! —agrego de inmediato—. Lo digo porque a partir de ahora somos una familia, y mi habitación la compartiré con Eliana al ser mi novia y dentro de poco mi esposa.
- ¿Cómo que mi amiga es tu novia? No veo ningún anillo en su dedo —cuestiona de inmediato Olena con algo de fastidio mientras carga a Sebastián, por lo que Sasha deja de reír y todos se ponen serios ante lo dicho por la rubia de ojos grises.
- Bueno, es que había pensado pedirle que sea mi novia la noche que descanso del trabajo, después de que vayamos a cenar los tres, como la familia que somos, al bonito restaurante italiano de unas cuadras más arriba -digo mientras corro a mi habitación y saco una fina cajita azul, la típica de joyería. Eliana contiene la respiración y la emisión de cualquier sonido al tapar su boca con ambas manos, mientras que los demás abren la boca y los ojos en una completa expresión de asombro.
- ¡¿Eso es un anillo de compromiso?! —pregunta Pablo casi gritando, y yo solo atino a caminar hacia donde Eliana está parada, casi petrificada, y me hinco ante ella.
- En verdad quería hacerte este pedido de otra manera, pero nuestros amigos tienen razón, no podemos comenzar esta nueva etapa de nuestras vidas sin tener en cuenta el formalizar nuestra relación —abro la cajita azul y un anillo de compromiso se deja ver. Incrustado en un delicado anillo de oro amarillo de 18 K, un pequeño diamante, pero diamante al fin, se muestra refulgiendo ante la luz que ingresa al departamento por los amplios ventanales—. Eliana Carillo Del Río, ¿quieres ser mi novia y casarte conmigo?
Eliana solo mira el anillo en esa postura petrificada. Sasha da unos pasos, toma con sus manos los hombros de la hermosa mujer que me ha enamorado, le dice algo al oído, que no logro escuchar, pero con lo que la pelirroja logra sacar a mi amada de la obnubilación en la que ha caído.
- Sí, Mateo. Quiero ser tu novia y tu esposa —dice Eliana mostrando una hermosa sonrisa y de sus ojos caen lágrimas de felicidad. Al pedirle que me brinde su mano, ella lo hace y coloco el anillo en su anular, donde en unos meses pienso colocar una alianza nupcial al hacerla mi esposa. Tras erguirme, me abrazo a su cintura y la beso delicadamente. El ruido de aplausos y vítores me hacen recordar que no estamos solos, por lo que dejo el beso para recibir las felicitaciones de nuestros amigos y el abrazo de nuestro hijo, quien no entiende lo que sucede, pero no ha dejado de sonreír desde que ingresó al lugar donde iniciamos la construcción de nuestro hogar.
- Bueno, aunque mi pregunta no tenía el fin de anticipar la pedida de mano que veo que has planeado con varios días de anticipación, me alegra haber sido testigo de la formalización de su relación. Sin embargo, lo que yo quería era introducir la oportunidad de entregarles el regalo que he preparado junto a mi amada Sasha —Aleksandr toma su celular y tras marcar un número empieza a hablar en alemán. Entiendo perfectamente lo que dice: indica el número del apartamento y que quiere el servicio completo, algo que deja una enorme duda en mí porque no sé a qué se refiere. Segundos después se escucha el timbre, y Pablo se apura a abrir la puerta, ya que yo no atino a hacerlo. Un hombre entrado en sus sesentas y dos jóvenes como de mi edad, un varón y una mujer, ingresan, saludan a Aleksandr y a Sasha y luego se dirigen a Eliana y a mí.
- Buenas tardes, señor y señora Meyer. Soy Hans Berger, propietario de Mueblería Berger, y el día de hoy he venido con mis ayudantes para tomar las medidas del espacio de vivienda y mostrarles los catálogos con los modelos que pueden elegir para amoblar el dormitorio del bebé, la alcoba matrimonial, así como la sala y el comedor —quedo congelado tras escuchar al señor Berger, a quien reconozco por haber visto su rostro en publicidades que aparecen por las r************* y anuncios publicitarios ubicados estratégicamente por toda la ciudad.
- ¿Cómo dijo? —escucho a Eliana preguntar con una voz tímida.
- Que hemos venido para coordinar con ustedes la elección de los muebles para su nuevo hogar —la cálida sonrisa del señor Berger me anima a preguntar.
- ¿Por qué? —la pregunta sale de mi boca sin más.
- Porque el señor Shevchenko nos ha contratado para brindarles a ustedes nuestros servicios —tras escuchar la respuesta del señor Berger, miro a Aleksandr y a Sasha. El gigante ucraniano sonríe de lado y la pelirroja simplemente dice: «sorpresa», acompañando la expresión verbal con una sonrisa y el gesto de levantar los brazos.
- Aleksandr… —solo logro pronunciar el nombre de nuestro amigo, ya que él me interrumpe.
- Que la gente joven haga lo correcto es algo que no suele verse porque propio de esa etapa de la vida es equivocarse, así que merecen ser premiados —dice el enorme Aleksandr mientras sonríe.
- No debiste molestarte. Entre mis planes estaba remodelar los muebles del apartamento, pero quería que Eliana los elija, por eso no lo hice antes -digo aún mostrando que no salía por completo de mi asombro.
- Imaginé que así sería, pero ser testigo de la formalización de la relación que tienes con Eliana, me anima a hacerles un gran regalo -termina el gigante ucraniano, y su esposa pelirroja empieza a hablar.
- El dinero que no gasten en remodelar el mobiliario del apartamento lo pueden utilizar en la inversión del negocio que están pensando iniciar para que Eliana trabaje desde casa. Soy madre, y la verdad es que agradezco tener un esposo tan bueno y competente como mi Aleksandr, lo que me permite quedarme en casa cuidando de mis hijos, salvo a estas horas en que están en la escuela. Ayudar a que otra pareja experimente lo que nosotros tenemos en nuestras vidas es una manera de agradecer por todo lo que se nos entrega -tanta verdad hay en las palabras de Sasha que no puedo evitar derramar unas cuantas lágrimas mientras abrazo a Eliana, ya que ella se ha aferrado a mi cintura para esconder su rostro en mi pecho para llorar por la felicidad que siente al ser bendecidos con amigos tan buenos y detallistas.
- Gracias —suelto tras unos segundos en silencio, y junto a Eliana agradecemos a la pareja que nos acaba de ayudar enormemente al hacerse cargo de un gasto que nos permitirá ocuparnos de invertir en un negocio para Eliana.
Mientras el señor Berger y su ayudante varón empiezan a tomar las medidas de las habitaciones, la señorita que los acompaña se dirige a Eliana y a mí para mostrarnos los catálogos con las opciones que tenemos para elegir. Estamos siendo asesorados por los conocedores mientras Sasha y Aleksandr juegan con Sebastián y Olena con Pablo se encargan de pedir el almuerzo que ofrecieron invitar por nuestro compromiso y arreglar la pequeña mesa que en unas horas será cambiada por una nueva. Tras seleccionar los muebles, los expertos se van, la comida llega, almorzamos, y mientras estamos en la sobremesa, el equipo de Mueblería Berger nos sorprende al llegar con todo lo que elegimos. Vemos como lo nuevo entra mientras lo antiguo sale, y no me da pena deshacerme de lo que compré en el pasado porque decidimos donarlo a caridad. En el negocio del señor Berger hay una política de descuento si entregas el mueble que quieres cambiar, ya que ellos lo refaccionan y acondicionan para ser donado a familias de bajos recursos que no pueden comprar un mueble nuevo y se inscriben en una lista de espera para ser beneficiados.
Tras retirarse Aleksandr y Sasha porque debían recoger a sus hijos de la escuela, me percato de que debo empezar a alistarme para ir a trabajar. Olena y Pablo me dicen que vaya tranquilo, que ellos se quedan ayudando a Eliana a recibir el resto de los muebles nuevos y a acomodar lo que hay en las cajas de la mudanza en las habitaciones. Sabiendo que nuestros amigos están apoyando a mi ahora amada novia, me concentro en hacer un excelente trabajo durante el evento que esa noche se realiza en el salón más elegante del hotel. Los cambios que se están dando en mi vida me motivan tanto a ser el mejor en todo, por lo que me siento tan feliz, lo que me permite brillar siendo el maestro de ceremonias de esa noche, algo que Angélica, la organizadora de eventos del hotel, aplaude. «Felicitaciones, Mateo, te has lucido. Siempre haces un buen trabajo, pero esta noche es diferente, proyectas una energía que sin perder formalidad invita a los presentes a mantenerse atentos a lo que sigue, y eso ha hecho que el entusiasmo no decaiga durante toda la velada. No dudo que recibirás una muy buena propina», lo que Angélica me comenta hace que me sienta aún más contento, y cuando veo lo que contiene el sobre que discretamente me entrega uno de los representantes de la empresa que contrató los servicios del hotel, casi salto de alegría.
Al contar con más dinero de lo que pensaba recibir como extra por mi trabajo, tomo un taxi para llegar rápido a mi hogar. Sí, ahora ese apartamento se ha convertido en mi hogar gracias a la presencia de Eliana y Sebastián. Cuando ingreso al espacio de vivienda, veo la nueva sala y comedor, y notar que ese moderno diseño ha mejorado el aspecto de donde vivo, hace que sonría, pero lo más bonito, lo que hace que mi corazón empiece a latir con un ritmo más acelerado por la felicidad que contengo, lo disfruto cuando veo a Eliana saliendo de la cocina con Sebastián en brazos. Mi pequeño ya viste el pijama y acaba de tomar la última botella de leche, por lo que está listo para ir a dormir. Solo por esa noche se le ha permitido trasnochar un poquito para esperar mi regreso, ya que estuvo preguntando por mí al repetir «pa-pá» varias veces desde que me fui a trabajar, según me comenta Eliana. Abrazo a los dos, dejo un beso tierno sobre los cabellos de mi hijo y otro sobre los sedosos labios de mi novia. Tenerlos ahí, conmigo, me parece un sueño, una ilusión, por lo que le pido a Eliana que me pellizque para darme cuenta que estoy despierto, pero ella, en vez de hacerme ver con dolor que mi nueva vida es real, acaricia mi mejilla, me besa y muerde ligeramente uno de mis labios. «No estamos soñando, Mateo; acabamos de empezar una bonita vida juntos. Ahora los tres nos acompañamos, apoyamos y amamos. Ya no estaremos solos. Vamos a ser muy felices», y con la última frase que pronuncia, unas lágrimas de felicidad mojan las mejillas de mi amada Eliana. Abrazado a mi novia e hijo, los guio hacia nuestra habitación para disponernos a dormir, porque para soñar tenemos las mañanas y tardes de nuestra nueva vida juntos.