NARRA FANNY Al fin estoy en casa, pude sentir el calor hogareño y ver de nuevo a mis adorados hijos, me lleno de amor mi corazón. Lo primero que hice fue hacer el amor con mi esposo, algo que añoraba tanto. Extrañaba sentir su piel, sus músculos, sus besos, sus caricias, aunque fue muy rápido, fue grandioso. Debíamos reunirnos con los demás. Cuando pise el último escalón de la escalera, unos bracitos me apretaron y sus vocecitas cariñosas me recibieron con mucho amor. Mis hijos, mis adorados querubines, los abracé con fuerza. Otra vez los tenía nuevamente conmigo, el fruto del amor entre Albert y yo, estaban abrazándome. Parecían loritos narrándome sus ocurrencias, sus anécdotas; parecía que nunca iban a terminar de hablar, estaban emocionadísimos; sin embargo, ya era la hora de dormir.

