Supongo que está lleno de sorpresas. Porque lo siguiente que hace es dar un paso cuando ya no hay ninguno. —Todavía tienes casi media hora, amor —dice suavemente, el espacio entre nosotros es imaginario. Porque no existe. No existe cuando es lo único que ha hecho desde el primer día que vi esos ojos suyos. —¿Cómo voy a hacerlo...? —tropiezo, queriendo decir su nombre. ¿Qué demonios voy a decir? Tardo un segundo en recordarlo, ya que todo lo que he conocido de él es «Sr. Steele». Quiero decir, le he jurado en mi cabeza usando su nombre real, y tonterías como esas, pero ¿ahora qué? —No sé, Becks. Simplemente... hazlo... j***r, eso ha sonado estúpido —suspira, y sus dedos se pasean por su pelo, nerviosos. Gran sorpresa. Su atención vuelve a centrarse en mí cuando descubre mis ojos esper

